El problema de ofrecerse a hacer el trabajo sucio es que uno corre el riesgo de terminar señalado por las manchas. Marc Cucurella ni siquiera había compartido banda con Vinícius cuando le extendió un cheque en blanco al brasileño. “Me da igual que no baje, ya haré yo todo lo que no quiera él. Con que sea decisivo y esté fresquito para marcar goles, yo me como el trabajo sucio”, aseguró poco después de fichar por el Real Madrid. La afirmación ha tardado poco en envejecer mal.
La frase sonó a declaración de compañerismo, pero el campo se ha encargado de añadirle la letra pequeña. Una cosa es compensar la libertad de Vinícius y otra quedar obligado a defender prácticamente un costado entero. Con el riesgo táctico que esto supone. Cucurella tampoco ha arrancado de la mejor manera posible en un carril que el año pasado le correspondía a Carreras, quien pasó por los mismos problemas. Cabe recordar que el gallego quedó señalado, precisamente, en el derbi. La zona entre el lateral y Huijsen volvió a ser una vía de agua en contra del Madrid.
Una vía de agua
Ya en Liga, el Betis encontró espacios mediante las apariciones de Antony y Bellerín por la derecha. Simeone fue todavía más lejos y preparó el derbi para atacar el flanco zurdo del Madrid. Pubill, Marcos Llorente, Kang-in Lee y Giuliano ocuparon diferentes alturas para encerrar a Cucurella en una decisión imposible: si saltaba sobre el poseedor, aparecía un desmarque a su espalda; si esperaba, el Atlético progresaba por dentro.
Vinicius Junior durante un partido del Real Madrid / Joaquin Corchero / AFP7 / Europa / Europa Press
Vinicius no regresó a la intensidad adecuada. Su entrenador José Mourinho, le reprendió tras varias pérdidas en el Metropolitano. Cucurella quedaba atrapado entre presionar al futbolista con balón y perseguir al que rompía hacia el espacio. Valverde y Tchouaméni tenían que bascular para corregir la inferioridad, lo que terminaba vaciando otras zonas del campo. Cucurella acabó el derbi con 14 acciones defensivas, más que cualquier otro jugador.
El dato no borra sus errores, pero ayuda a explicar la frecuencia con la que tuvo que intervenir en situaciones comprometidas. El lateral aparece en la fotografía final, aunque el problema acostumbra a comenzar varios metros por delante. Con Mourinho, Vinicius ha aumentado sus acciones defensivas y las recuperaciones en campo contrario. La dificultad aparece cuando el rival supera esa primera presión. El brasileño trabaja arriba, pero no siempre acompaña después la incorporación de los rivales.
Mermado en ataque
El sacrificio también está borrando parte del futbolista que el Madrid fue a buscar. Cucurella todavía no ha dado ninguna asistencia en Liga y mide cada incorporación porque sabe que una pérdida puede dejarle demasiados metros por corregir. Su mejor versión no es la de un lateral clavado junto a los centrales, sino la de un jugador capaz de aparecer por fuera, atacar por dentro y llegar al último tercio.

Huijsen y Cucurella defendiendo la camiseta del Real Madrid / Real Madrid
Así brilló con España. En el Mundial, por ejemplo. Vinicius ya disfrutó durante años de un ecosistema construido para liberarle. Por ejemplo, Mendy ejercía como cerrojo, Kroos protegía el perfil izquierdo y Benzema se acercaba para formar sociedades. Cucurella tiene más vuelo ofensivo que el francés, pero está siendo obligado a desempeñar una función parecida sin disponer de la misma red de seguridad.
El lateral prometió hacer todo aquello que Vinicius no quisiera hacer para que el brasileño llegase fresco al área y marcase diferencias. Un ‘pecado’ que ya cometió Arbeloa en su día, cuando aseguró que liberaría a Mbappé y a su compañero en ataque de «correr» más de la cuenta. El problema es que, mientras espera esa versión decisiva, Cucurella está renunciando a una parte de su juego y acumulando responsabilidades que no siempre le corresponden. Se ofreció a hacer el trabajo sucio y ha terminado siendo quien carga con las manchas.













