La entrada masiva de más de 70.000 migrantes de forma irregular en Ceuta –la mayoría entre el 30 y 31 de julio– y la permanencia en la ciudad de al menos 13.000 de ellos, según cifra el gobierno de la ciudad autónoma, ha alterado por completo el ritmo de vida de sus habitantes, y a ello no son ajenos los abogados, especialmente los que prestan su servicio en el turno de oficio.
Su asistencia es requerida tanto en detenciones por posibles delitos como en la tramitación de expedientes de extranjería: los instados para devolución de las personas que entraron en España incumpliendo la ley y las solicitudes de asilo. Sus jornadas se desarrollan entre el Juzgado de Guardia, las comisarías, la oficina de asilo en frontera, los centros de menores y el Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE).
Según fuentes del Consejo General de la Abogacía, hasta finales del pasado mes de julio tres profesionales atendían de forma simultánea el Turno de Oficio de Ceuta, lo que se encontraba adecuado para la carga de trabajo ordinaria en la ciudad autónoma. Tras el asalto masivo a la frontera este número se ha incrementado hasta un total de 18 abogados y abogadas en el turno de extranjería (15 trabajando cada día), tras atenderse hasta dos peticiones de refuerzo.
Solo hay una impresora
Estos profesionales doblan guardias y garantizan la prestación del servicio a cambio de poco más de 166 euros brutos diarios. Pero pese a su entrega profesional y personal, faltan manos y sobre todo medios, según los testimonios recogidos por EL PERIÓDICO. «En la oficina de asilo solo hay una impresora y eso no puede ser, porque puedes poner 15 impresoras, pero si hay el mismo personal el problema continúa», señala la decana del Colegio de Abogados de Ceuta, Isabel Valriberas.
También resalta este detalle de la única impresora Dipika Chainani, otra de las abogadas sobre el terreno que ha hablado con este diario. La abogada lamenta que desde que tuvo lugar la entrada masiva de migrantes se ha multiplicado el número de delitos, pero también la vulneración de derechos que sufren los migrantes. En su caso, ha pasado de guardias en las que tenía uno o dos, o incluso ninguna asistencia a tener ahora mismo diez asistencias por guardia. «Está todo desbordado, y tras las asistencias de detención hay que celebrar los juicios rápidos y faltan intérpretes, y luego está la asistencia en expedientes de devolución, asilo, menores..», manifiesta.
«Podemos estar así dos años»
«Yo calculo que podemos estar así dos años», añade la letrada, que comenta la diversidad de los casos. Recuerda su asistencia a un joven de Togo que ha huido de su país porque su familia practica vudú y él es perseguido y «lo quieren matar» por ser cristiano. A su juicio, casos de este estilo son muy diferentes a los de jóvenes marroquíes que también solicitan asilo, que previsiblemente será rechazado al tratarse Marruecos según las normativas internacionales un «país seguro». Pero los expedientes hay que tramitarlos aunque se rechacen, y eso lleva tiempo.
Sobre el estudio de los asilos, lamenta que las denegaciones muchas veces no pueden ser notificadas, porque no se conoce el domicilio de los reclamantes, que siguen en la calle. «Es un bucle», lamenta, para añadir que una de las principales reclamaciones del colectivo de abogados en Ceuta es que se trasladen hasta la ciudad autónoma los instructores de la Oficina de Asilo y Refugio (OAR), actualmente en Madrid, para agilizar los trámites y no tener que esperar a mandar allí las entrevistas realizadas en Ceuta. La letrada propone soluciones, como puede ser decretar el estado de emergencia en Ceuta y firmar un Real Decreto que permita enfrentar la situación.
Mientas tanto, su compromiso la lleva a trabajar de una forma penosa y sin saber cuándo va a cobrar, ya que todavía ha percibido el salario por ninguna de sus guardias realizadas desde el pasado mes de abril. «En asilo no tenemos ni donde sentarnos, no hay donde comprar algo para comer ni máquina de agua, cuando pasamos allí doce horas, es muy frustrante, no sé cuánto podemos aguantar así«, lamenta Chainani. En algunas de estas guardias, encuentra a jóvenes marroquíes bebidos, drogados, sangrando y muy violentos.
Varios agentes de la Policía Nacional en Ceuta / Alberto Ortega – Europa Press
En conversación con este diario, la decana del Colegio de Ceuta agradece el apoyo recibido desde todos los colegios de abogados de España que han expresado su apoyo a la ciudad y han querido comprometerse con el trabajo a realizar. Hasta 30 letrados se ofrecieron para ayudar mientras se multiplicaban los requerimientos al Colegio ceutí, que ha tenido que adaptar su organización a una situación extremadamente complicada, según reconoce su responsable.
«Tuvimos que solicitar al Ministerio de Justicia un incremento de las guardias para poder tener más abogados disponibles dada la dimensión tan grande del problema», agrega la decana del Colegio de Ceuta, una ciudad autónoma en la que la práctica totalidad del centenar de los colegiados están inscritos en el turno de oficio. «Organizar todos los turnos a veces es complejo», reconoce.
Los abogados de oficio tienen que estar presentes en los centros policiales para asistir al detenido y esos mismos letrados deben atender al día siguiente el juicio rápido correspondiente. En muchas ocasiones, cuando terminan con sus juicios, esos mismos letrados entran en la guardia de extranjería: «Ahora todo el mundo está con más carga de trabajo de la normal. No es lo mismo tener 2 o 3 guardias al mes que 12 o 13″, apunta.
Expedientes diarios
Pero ¿Cuál es la eficacia de ese trabajo ante los miles de expedientes pendientes de tramitar? .»Por ejemplo, esta mañana hemos asistido a 27 expedientes de devolución y 15 de asilo, aunque las cifras dependen del día, y también ocurre que algunas personas que solicitan la protección internacional no se presentan a la entrevista», añade la decana, que cree que frente a la presencia de 13.000 personas en las calles, los abogados trabajan con la sensación de que no van a terminar «nunca».
A ello se suman las asistencias relacionadas con los miles de menores que atravesaron la frontera. «Y es imposible conocer la dimensión real del problema mientras no desaparezcan los asentamientos como el de la playa de El Trampolín, a lo que se suman personas que han alquilado viviendas.
La cuenta que le sale a la decana para terminar con todos los trámites –que hubieran sido innecesarios de no haber vetado el Tribunal Supremo el rechazo inmediato en frontera en las entradas por el mar– es de «meses y meses salvo que el Gobierno articule otros mecanismos más rápidos o se pongan medios, porque los medios a día de hoy son los que son», lamenta la decana.
Los abogados pueden presenciar cada día que los policías están saturados y lo mismo ocurre con los funcionarios de la oficina de asilo. «Lo que reclamamos es que se adopten todas las medidas y disposición de medios para poder afrontar esta crisis que sufre la ciudad, que es social y también económica, y cuánto más se extienda esta situación, la ciudad tendrá más problemas», añade.

Un grupo de menores en Ceuta / Gabriela Sardá Núñez – Europa Press
La complejidad es máxima porque los migrantes pertenecen a colectivos muy diferentes, y requieren por ello asistencia y procedimientos también diferentes. «Hay niños solos, familias con niños, población subsahariana que tiene un perfil diferente, personas LGTBI y entre ellas, personas trans, y de todos ellos hay que determinar la vulnerabilidad, y luego hombres jóvenes marroquíes, que son la mayoría, con entre 18 y 30 años», según la decana del Colegio de Ceuta. «La dimensión es tan enorme que, a grandes problemas grandes remedios», afirma como resumen a sus peticiones.
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