Pedro Sánchez ha vuelto a eximir a Rabat de cualquier responsabilidad en la «avalancha» de migrantes que cruzaron irregularmente la frontera de Ceuta el 30 y 31 de julio. Incluso negando que haya habido una actitud pasiva de sus fuerzas de seguridad. «No es tanto una actitud pasiva, ellos nos alertan y vemos también una decisión de tratar de gestionar toda esa avalancha de manera inteligente, de producir el menor daño posible» a los migrantes durante las primeras horas, defendió durante una entrevista en el programa ‘El Intermedio’ de La Sexta. Tras ello, según su lectura en base a «hechos y no elucubraciones», las autoridades de Marruecos habrían adoptado una actitud más proactiva «para poder contener» las llegadas, además de un «compromiso» manifestado al Gobierno de que todos esos migrantes podría ser devueltos.
El jefe del Ejecutivo ha rechazado también cualquier complacencia con el país vecino, como cuestionan los grupos parlamentarios en pleno, y tildado de «bulos» supuestos chantajes derivados de un espionaje telefónico a través del programa Pegasus. «En absoluto», ha replicado respecto a estas acusaciones, que incluso ha deslizado el líder del PNV, Aitor Esteban, estos últimos días, sin descartar esta tesis empujada por PP y Vox. «Estos bulos sobre el móvil y otras cuestiones para una serie de Netflix están bien», ironizó para cualquier que «la realidad se debe basar en cuanto a hechos, no bulos».
La explicación central que maneja el Gobierno, a la espera de que sigan su curso las investigaciones, pasa por la movilización a través de redes sociales y la «tergiversación» de una sentencia del Supremo. «Se dijo de forma tergiversada que se podía entrar a nado sin permitirse la devolución», apuntó. Con todo, ha insistido en la necesidad de cooperación con Rabat para solventar esta crisis y ha elevado a «cerca de 200» el número de migrantes que cada día regresarían voluntariamente al país vecino.
Sobre las alertas previas del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ha continuado minimizándolos para asegurar que ninguno dimensionó ni anticipó la entrada de alrededor de 72.000 migrantes. «Cuando se habla de Whatsapp», dijo en referencia al mensaje enviado por un agente del CNI al ahora dimitido jefe de gabinete del delegado del Gobierno en Ceuta, «no son pruebas de que hubiera alertas». «Más bien al contrario», añadió, argumentando que ese aviso concreto no se convirtió ni en informe ni se compartió con los superiores.
Sánchez ha evitado concretar una fecha sobre la recuperación de la normalidad en la ciudad autónoma, aun recordando que el decreto sobre el mando único establece sus funciones hasta final de año. “Esperamos que cuanto antes”, confió para recordar que “exige un tiempo” todo el proceso de reubicación, triaje y, finalmente, resolución de los expedientes para proceder o bien a la devolución o a la protección internacional en caso de quienes tengan derecho a asilo.
El jefe del Ejecutivo ha encadenado tres entrevistas en tres semanas consecutivas. Una «ofensiva» mediática propia de periodos preelectorales, aunque desde el Gobierno lo enmarcan en la normalidad de apuntalar su discurso político en el arranque de este último curso de la legislatura. Lo que sí da cuenta es de la necesidad de defender la actuación del Gobierno en la gestión de la crisis en Ceuta, corregir fallos comunicativos durante el verano y tratar de retomar la iniciativa.
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