Que algo se está haciendo mal en materia de gestión del agua en Galicia, es algo que casi nadie se atreve a rebatir. Sin duda, la subida de las temperaturas que continúa hoy y mañana y que, a pesar del bajón de mitad de semana, todo apunta a que seguirá el fin de semana, no ayuda a mejorar los datos de la situación del agua en Galicia, en particular con la ausencia de lluvias.
La pasada semana, la Xunta decidió mantener la situación de alerta por escasez de agua en diferentes puntos, como en los sistemas del río Lérez, en Pontevedra, y del Anllóns y Costa de A Coruña hasta el límite con Arteixo. Asimismo, acordó la puesta en marcha de medidas equivalentes en el subsistenma de Baiona, aunque sin llegar a declarar la situación de alerta.
Además, la administración autonómica también extendió la declaración de prealerta a la zona de Ferrol (río Mera y rías de Ortigueira y Cedeira).
A los dos casos descritos, se sumaron también las cuatro áreas territoriales de la Demarcación Galicia-Costa que llevan en prealerta por escasez moderada de agua desde el 11 de agosto y que continuarán en la misma situación: las del río Tambre y ría de Muros y Noia; del río Grande, en Camariñas; del río Mandeo y ría de Betanzos, y del río Landro y río Ouro.
Estas medidas fueron adoptadas en el marco de la última reunión de la Oficina Técnica de la Sequía y en ellas se tuvieron en cuenta datos meteorológicos como la “evolución de los caudales circulantes mensuales en los ríos de la cuenca y otros indicadores de sequía y escasez, según el protocolo establecido en el Plan especial de la sequía de Galicia-Costa”, tal y como explicaron desde la Xunta.
Galicia lleva en este bucle de la sequía, declarada como tal o en situación de prealerta, desde hace meses. Ahora, en septiembre, los principales índices se mantienen en valores bajos; aunque en los últimos días de agosto se registraron importantes precipitaciones, también en la provincia de Pontevedra, y que estas lluvias permitieron que agosto acabara “siendo muy húmedo en comparación con la serie histórica”, favoreciento a una recuperación puntual de algunos caudales, en realidad, según se puso de relieve en la Oficina Técnica no han tenido “efectos significativos desde el punto de vista de la recuperación de las reservas hídricas, de los caudales de los ríos y de los escenarios actualmente activados”.
Las previsiones para este mes de septiembre apuntan, además, a que continúe como hasta ahora, es decir, con ninguna o pocas precipitaciones y con dominio anticiclónico.
El segundo nivel de alerta más elevado
De la importancia y gravedad de la situación por la que atraviesa Galicia habla el hecho de que de los más de 310 concellos que hay en la región, más de un centenar está “parcial o completamente incluidos en las unidades afectadas: 32 por la alerta o por medidas equivalentes y otros 75 por la declaración de la prealerta o medidas equivalentes”.
No obstante, como explicaron desde la Xunta, la incidencia en la práctica “es desigual”; por ello, teniendo en cuenta “la procedencia del agua de los sistemas municipales principales, la prealerta tiene mayores implicaciones prácticas sobre el abastecimiento en 48 ayuntamientos”.
Cabe recordar que el nivel de alerta es el segundo más alto de los establecidos en el Plan de la sequía de Galicia-Costa, al que seguiría el de emergencia. La declaración actual supone “comenzar a adoptar medidas para conservar los recursos hidráulicos existentes”, algo que ya está sucediendo en las zonas afectadas donde están prohibidos “usos prescindibles” como “el baldeo de calles, el llenado de piscinas o el riego de jardines”, a lo que seguirían, “en caso de ser preciso” cortes de agua puntuales.
Uno de los elementos que mayor controversia genera es el agua que ‘se pierde’ por parte de algunos ayuntamiento. Así, el de Pontevedra capital, presume de mantenerse en un bajo 3% de fugas de agua, un dato que el propio alcalde pontevedrés, Miguel Anxo Fernández Lores, ha contrapuesto en varias ocasiones con otros municipios en los que esas pérdidas se sitúan entre el 30% y el 40%. No hay que olvidar que hay un compromiso global para que en 2030 este apartado de fugas se quede como máximo en el 20%.
Se da la circunstancia, además, que la ciudad de Pontevedra presenta un hándicap importante provocado por la presencia de la fábrica de celulosa de Ence en plena ría, con el consumo de agua que esta planta necesita en su día a día.
Curiosamente, el pasado viernes, la empresa anunció una inversión millonaria en proyectos para reducir su consumo de agua. El propio Lores, defensor a ultranza de la salida de la fábrica de la ría de la capital de las Rías Baixas, tras mostrar su alegría por esas iniciativas que buscan captar menos agua del río Lérez, puso en duda los datos que Ence hace públicos, asegurando que necesita más agua de la que en realidad cita de cara a la galería.













