El director del Servicio de Prevención Mancomunado de la Fundación San Prudencio de Vitoria-Gasteiz, Jagoba Gómez Alonso (Getxo, 1973), ofreció este viernes una ponencia en la Laboral, en el marco del XVI Congreso Internacional y XX Nacional de Ergonomía y Psicosociología. En su intervención, Gómez trasladó las claves de un estudio realizado por la Fundación San Prudencio acerca del consumo de medicamentos en el entorno laboral.
¿Qué importancia tienen hoy la ergonomía y la psicosociología dentro de la prevención de riesgos laborales?
La ergonomía trata de adaptar el puesto a la persona y sabemos lo importante que es porque hemos visto cómo todo ha ido evolucionando en los coches, por ejemplo. Respecto a la parte psicosocial, por ejemplo, en el covid se ha visto la relevancia que tiene el desempeño del trabajo en nuestra salud mental. El estrés, la ansiedad, las cargas de trabajo y una mala organización del trabajo son factores de riesgo para nuestra salud mental.
¿Qué os llevó a realizar este estudio?
Estamos acostumbrados a preguntar a personas trabajadoras sobre su salud. Este año optamos por centrarnos en este tema porque claro, si los datos nos dicen que España es el país en el que mayor consumo hay de ansiolíticos y benzodiazepinas, queríamos saber cómo lo estaba viendo la población trabajadora o qué impacto puede tener ese consumo de fármacos en su salud y su desempeño laboral. Entonces, les preguntamos sobre el consumo de fármacos y los resultados nos han alarmado y representan que ahí tenemos un problema que está sin observar y que sigue siendo un tema tabú.
¿Cómo lo llevaron a cabo?
Hicimos una encuesta en la que nos han contestado 1.684 trabajadores. El 40% de ellos toma edicación al menos tres veces a la semana y el 21% las toma diariamente para ir al trabajo. Esto es un volumen de personas importantísimo que cada día están tomando una medicación que puede tener un impacto o un efecto en su desempeño laboral y estamos hablando de salud laboral porque puede ocurrir un accidente. Además, la mayoría no se lo comunica a la empresa y esta no puede gestionarlo. Por lo tanto, tenemos una serie de riesgos vinculados al consumo de medicación que es elevado y que no estamos gestionando. Esta situación está silenciada, ya que el trabajador tiene miedo a comunicarlo a la empresa por los efectos que puede producir para él, y la empresa también tiene una situación complicada de gestionar.
¿A qué medicación se refiere?
Hemos preguntado por familias de medicamentos y, por ejemplo analgésicos o antiinflamatorios los toman el 65% de trabajadores. Por otro lado, un 32% toma antibióticos; un 15%, medicación para alegrias y antihistamínicos; un 11%, medicación para dormir; un 9%, medicación para la ansiedad; un 5%, antidepresivos, y un 5% para los mareos o vértigos. Son medicamentos que pueden generar somnolencia, pérdida de reflejos o falta de concentración, que son elementos muy importantes para el uso y manejo de maquinaria, para procesos que son de riesgo, y el hecho de no estar concentrado puede hacer que ocurra un accidente. Está claro que detrás de este consumo de fármacos, de medicación, puede estar la ocurrencia de accidentes de trabajo, y ahora mismo no estamos poniendo el foco en esto. Y nosotros hicimos este estudio porque teníamos esa intuición.
¿Está aumentando ese consumo en los últimos años?
España está a la cabeza mundial en consumo de ansiolíticos y benzodiazepinas. Además, la pandemia fue un punto de inflexión que ha hecho que el consumo siga elevándose todavía más, especialmente entre la población más joven y entre las mujeres. Al introducir la perspectiva de género, vemos cómo las mujeres consumen el doble o el triple de ansiolíticos, antidepresivos o medicación para dormir que los hombres. Y con la juventud hay un reto importante, ya que los datos de la cantidad de gente joven que toma medicación para dormir, para la ansiedad o antidepresivos empiezan a ser alarmantes. En contra de lo que uno pudiera pensar, ahora mismo hay más gente joven tomando este tipo de medicamentos que gente de mayor edad.
¿Cuáles son las causas?
Es un tema multicausal que requiere un enfoque muy holístico. Es una cuestión de valores, de prioridades y de expectativas. Antes el trabajo te garantizaba un modo de vida, un proyecto vital, te garantizaba una prosperidad y una forma de vivir. Y ahora mismo no todos los trabajos garantizan eso. Entonces, ahí hay una circunstancia que hay que observar.
¿En qué sectores hay más consumo de medicamentos?
La mitad de los encuestados trabajan en el sector industrial, pero también tenemos de sanidad, servicios, educación o transporte, así como de oficinas y administración. A nadie se le va a escapar si digo que ese consumo se produce, sobre todo, en los sectores de sanidad, educación, servicios y transportes. Es preocupante, ya que tenemos un alto grado de personas medicadas entre conductores de autobús o transportistas. Por lo tanto, creemos que merece la pena prestar atención a los efectos que puede suponer esto y, ahora mismo, no se está haciendo.
¿Los trabajadores son conscientes de esos riesgos?
Hay un porcentaje muy alto que sí lo sabe, pero no lo comunica a la empresa. Un 30% de trabajadores nos ha dicho que ha dejado de tomar la medicación porque veía que tenía un efecto negativo en el desempeño de su trabajo.
¿Qué pasos hay que dar para empezar a cambiar esta situación?
El primer paso ya lo hemos dado, que era visibilizar el problema y ver que hay un tema que no estamos observando y que merece atención. En segundo lugar, diría que hay que generar un clima en la empresa que procure que la persona que comunique esta circunstancia esté protegida y que sea algo que la empresa lo vea con buenos ojos. Y tercero, diría, por la parte de la administración, que regule o proteja el hecho de que este tipo de conductas se den y que la empresa tenga también medios o procedimientos para poder actuar de tal manera que le impacte lo menos posible, como hacemos ya con otros riesgos laborales.
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