El martes se publicó el informe PISA y los alumnos españoles han obtenido el peor resultado desde que empezó a hacerse, en el año 2000. Estamos por debajo de la media de la OCDE y de la Unión Europea en las tres materias que mide. En diez años hemos perdido algo más de un curso en matemáticas y hasta dos en lectura.
La OCDE pone el foco, entre otros factores, en el móvil y en la manera de leer que ha traído: más rápida y fragmentada. También en la inteligencia artificial, que ha entrado en los institutos sin que nadie enseñe a utilizarla. Los estudiantes españoles, además, usan la IA para las tareas del colegio más que la media europea y, según el propio informe, determinados usos sin supervisión se relacionan con peores resultados. Usamos más IA que nuestros vecinos y aprendemos menos. Debería hacernos pensar.
Casi a la vez, Singapur anunció que sube el sueldo a sus ministros por primera vez en quince años. El primer ministro, Lawrence Wong, alcanzará una remuneración de alrededor de 2,8 millones de dólares al año. Lo defiende diciendo que, con los sueldos congelados, es difícil convencer a buenos profesionales para que dejen la empresa privada y se dediquen a la política.
A mí, que me dedico a buscar talento, el razonamiento me resulta familiar. Es parecido a lo que muchas veces tenemos que explicar a empresas que quieren fichar a alguien muy bueno ofreciendo un sueldo por debajo de mercado. Singapur lleva desde los años sesenta invirtiendo en la formación de su gente y en PISA vuelve a estar entre los primeros del mundo.
Mucha gente dice que la IA va a democratizar el conocimiento. Yo creo que eso es cierto solo en parte. La IA multiplica lo que ya sabes. A un buen ingeniero le permite hacer en una tarde tareas que antes le llevaban días, y a un abogado con experiencia le deja revisar muchos más contratos en el mismo tiempo. Pero si partes de muy poco, la multiplicación da muy poco. Y si partes de cero, da cero, por mucha IA que le pongas.
Steve Jobs decía que el ordenador era como una bicicleta para la mente. Me gusta la comparación: una bicicleta te hace ir mucho más rápido, pero los pedales los tienes que mover tú.
En Iwantic esto lo estamos viendo ya en los procesos de selección de perfiles tecnológicos: candidatos que entregan una prueba técnica muy bien resuelta con ayuda de la IA y que luego, en la entrevista, no saben explicar por qué funciona su código ni qué harían si fallara. Saber pedirle cosas a una IA se aprende rápido. Lo que cuesta años es tener el criterio para saber si lo que te devuelve está bien.
Hace poco, una directiva que lidera el área digital de una gran multinacional me dijo una frase que me apunté por lo acertada que me pareció: AI works, you lead. Tú tienes que marcar el rumbo a la IA. Si no sabes cuál es, no llegarás a ningún sitio.
Los estudios apuntan en la misma dirección. Uno de Stanford y el MIT mostró que la IA ayudaba especialmente a los trabajadores menos experimentados en tareas repetitivas. Otro, de Harvard con consultores de BCG, encontró que quienes utilizaban IA rendían mejor en las tareas que la herramienta resolvía bien, pero se equivocaban más cuando confiaban en ella ante problemas para los que no estaba preparada. En resumen: en lo sencillo la IA iguala y, cuando la cosa se complica, marca la diferencia quien sabe de lo suyo.
Por eso me preocupa PISA. A un chico de quince años que no es capaz de terminar un texto largo le va a costar mucho detectar cuándo la IA se está inventando algo o no es precisa. El informe dice también que la caída ha llegado a familias de clase media y alta, cuando antes se concentraba en los hogares con menos recursos. La nueva brecha tiene cada vez más que ver con los hábitos, la lectura y las horas de pantalla.
Tampoco quiero echarle toda la culpa a la tecnología. La IA hace más grande lo que se encuentra y, según lo que encuentre, eso puede ser una suerte o un problema.
Las empresas también tenemos parte de responsabilidad. Durante años hemos pedido en las ofertas de empleo que la gente domine tal o cual tecnología, stack o herramienta, cuando estas cambian cada poco. Creo que deberíamos fijarnos más en si alguien entiende de verdad su profesión y tiene ganas de seguir aprendiendo. Y, aunque no soy quién para decirles a los profesores cómo hacer su trabajo, meter la IA en clase sin haber enseñado antes a leer bien y a razonar me parece empezar la casa por el tejado.
Se repite mucho que la IA no te va a quitar el trabajo, que te lo quitará alguien que la sepa usar. Estoy de acuerdo, pero añadiría que ese alguien, además de usarla, sabrá de su oficio bastante más que tú.
El conocimiento con IA multiplica. Y la brecha entre quienes lo tengan y quienes no, también.
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