El presidente del Barça no lo ha dudado ni un instante. El director deportivo tampoco. Su entrenador se ha pronunciado como pocas veces lo hace y varios compañeros le han respaldado. Fuera del club tampoco le faltan apoyos. El seleccionador nacional, Luis de la Fuente, es uno más. Y, como ellos, miles de aficionados lo tienen claro: este año, el Balón de Oro debería ser para Lamine Yamal.
Su temporada con el Barça ha sido excepcional. Y la guinda, un Mundial. Argumentos más que suficientes para convertirle en uno de los grandes favoritos. Ahora bien, habrá que ver qué entienden por fútbol quienes tienen que votar. Porque, si mantienen el mismo criterio utilizado para elegir a los 30 finalistas, cualquier cosa puede suceder.
Dejar fuera a Pedri y Raphinha de esa lista resulta difícil de entender. Significa, sencillamente, estar bastante alejado de lo que sucede cada semana en el fútbol de máximo nivel. Y si hay un jugador que, por talento, descaro y capacidad para cambiar un partido, debería tener su sitio entre los mejores, ese es Lamine.
¿Y si no es Lamine? Entonces que sea Rodri. Otro futbolista extraordinario. Aquí no deberían importar las camisetas, los escudos ni los colores. El Balón de Oro no debería ganarse por simpatías, sino por méritos.
Y sí, Mbappé debe estar entre los tres finalistas. Su talento y sus cifras le convierten en candidato indiscutible. Pero, dejando al margen el Mundial, su temporada no ha sido mejor que la de Lamine ni que la de Rodri.
Ahora toca votar. Y hacerlo con criterio. Porque el Balón de Oro debería reconocer al mejor, no al que más vende, al que más titulares genera o al que lleva la camiseta que uno prefiere.
Este año hay argumentos de sobra para votarles a no ser que alguien indique lo contrario. Veremos qué ocurre y quien vota a quien. Para nosotros es el mejor.











