El colegio Azorín de Catral vuelve a tener transporte escolar. Después de que una veintena de afectados por la supresión del servicio reclamara una solución, tras sufrir las consecuencias de esta medida en el mismo arranque del curso, este miércoles, sin previo aviso, el alcalde del municipio, Joaquín Lucas Ferrández (PP), decidió tomar cartas en el asunto, pese a que no es competencia municipal, sino autonómica.
Lo hizo nada más conocerse la noticia, con el ánimo de acabar con un problema que ya se atisbó en mayo, telefoneando directamente al presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca.
El regidor cuenta a este periódico que desde el primer momento el jefe del Consell se mostró «muy sensibilizado» con el asunto, de forma que no dudó en «coger el toro por los cuernos» y resolver el conflicto, comprometiéndose a volver a instaurar el servicio.
Así, el primer edil asegura que las familias tendrán transporte escolar, como ha habido durante varias décadas, «desde este mismo viernes o el lunes como tarde».
Para algunas familias se trata de un servicio esencial. Suprimirlo era, según los afectados, obstaculizarles el derecho a la educación, un pilar fundamental, que no solo se garantiza con la existencia de centros educativos, sino asegurando por parte de los poderes públicos que el acceso sea real y efectivo para todos los menores, abarcando también el desplazamiento necesario para hacerlo efectivo.
La normativa
La conselleria había cancelado el servicio al no llegar al mínimo exigido de 15 alumnos que cumplan con las condiciones para ser beneficiarios, entre ellas que el colegio y el lugar de residencia esté a más de 3 kilómetros en línea recta.
Si bien la normativa contempla que podrán autorizarse excepciones cuando existan dificultades especiales de acceso al centro educativo. Es el caso de niños residentes en el barrio de los Dolores del término municipal de Catral. Este alumnado, de no contar con el autobús escolar, se vería avocado a caminar durante al menos tres cuartos de hora en un trayecto de aproximadamente tres kilómetros que además tiene peligrosidad, ya que en algunos tramos no hay alumbrado público ni acera.
Suscríbete para seguir leyendo










