La situación en Ceuta continúa siendo crítica tras cumplirse 40 días de la entrada masiva de personas que ha tensionado la convivencia y los servicios de la ciudad autónoma. En una entrevista concedida a José Luis Pérez en ‘El Cascabel’ de TRECE, el doctor José Enrique Roviralta ha descrito la difícil realidad que afrontan los ciudadanos y la sobrecarga que soporta el sistema asistencial en la frontera sur.
El inicio del curso escolar ha reflejado esta anomalía cotidiana, marcada por una presencia notable de fuerzas de seguridad en los accesos educativos. Roviralta ha explicado que a los menores se les ha robado un verano y ha recordado la soledad de las calles durante las semanas previas: «En Ceuta parecía que había pasado el flautista de Hamelin, porque no había niños, todos los padres que pudieron los mandaron a la península con tíos o abuelos«.
El facultativo ha advertido de que los menores con trastorno del espectro autista o déficit de atención e hiperactividad no han podido salir a la calle durante este periodo. Asimismo, ha alertado del impacto de ver a policías y regulares con fusiles en los colegios, señalando que estas vivencias pueden provocar secuelas mentales y «traumas que quedan como cicatrices en ese cerebro que se está formando«.
Los migrantes viven y duermen en espacios públicos de Ceuta más de un mes después de que decenas de miles de personas cruzaran a este enclave español desde el vecino Marruecos a finales de julio.
Impacto psicológico y miedo generalizado
La angustia por la falta de un horizonte claro no solo afecta a la infancia, sino que se ha extendido con intensidad entre la población anciana y adulta. Roviralta ha apuntado que el escenario actual resulta emocionalmente peor que la pandemia de COVID, dado que entonces existían protocolos comunes en todo el país, mientras que ahora la ciudad percibe una situación de catástrofe sin ver luz al final del túnel.
En su consulta diaria, el médico ha atendido a pacientes mayores que viven atemorizados ante cualquier ruido nocturno y bajo tratamiento farmacológico. Tras constatar que periodistas internacionales de la televisión pública portuguesa han mostrado su asombro al llegar a la zona, el doctor ha lamentado que «todas las mujeres de Ceuta lleven spray de pimienta en el bolso» y ha advertido de que «Ceuta es un polvorín social» en un territorio de 19 kilómetros cuadrados con solo 8 o 9 habitables y más de 80.000 habitantes.
Colapso y desesperación en urgencias
Frente a las valoraciones del Gobierno central que descartan problemas en la capacidad asistencial, el portavoz médico ha desmentido rotundamente esa postura desde el único hospital de Ceuta. Roviralta ha denunciado la precariedad afirmando con contundencia que «mis compañeros de médico de urgencia están desesperados, no se puede mantener un servicio de urgencia con 5 o 6 médicos» ante una presión asistencial desbordada.

Un migrante que se dedica a vender artículos en puestos ambulantes que se han levantado en la playa de El Trampolín de Ceuta
El doctor ha relatado situaciones extremas en las que el personal termina las jornadas llorando o compañeros con cólicos nefríticos continúan de guardia con goteros para no desatender el servicio. Ante este panorama, Roviralta ha manifestado su temor a dimisiones y fugas de profesionales ante la falta de auxilio institucional: «No vemos un ministerio que nos diga que ya viene el séptimo de caballería«.
El riesgo del olvido mediático
Para finalizar la conversación en ‘El Cascabel’, José Enrique Roviralta ha agradecido la cobertura de los medios para evitar que la realidad local quede silenciada. El doctor ha alertado de que el mayor peligro clínico y social es que el problema termine por cronificarse, advirtiendo del riesgo inminente de que Ceuta caiga en el abandono permanente y termine convertida en una nueva Lampedusa.












