Los alumnos de Balears no leerán este artículo porque, al margen de la calidad manifiestamente mejorable del texto, su extensión modesta excede el límite de comprensión lectora juvenil de cuatrocientas palabras. Es otra excelente noticia para el Govern de PP/Vox, que en tres de los cuatro años transcurridos desde el último informe PISA no ha pronunciado ni cuatro centenares de palabras mínimamente inteligibles. Los estudiantes quinceañeros avalan la política del chascarrillo.
La ignorancia creciente de Balears según PISA se confirma a pesar de que la conselleria de Educación retiró el máximo de alumnos tolerados por los convocantes, hasta un cinco por ciento en la versión siempre cuestionable del propio Govern. A falta de que Antoni Vera localice una ley socialista culpable del desaguisado, la primera legislatura gloriosa de PP/Vox se salda con unos datos a medida del desprecio oficial a la enseñanza sobre todo pública, por lo que deberían ser celebrados desde la cúpula educativa.
Para los supervivientes de la civilización, la ausencia de un solo indicio de mejora entre los adolescentes de Balears desde 2022 atenta contra la meritocracia, tan predicada como desmentida por la derecha. Apenas un miembro del Govern permanecería en el cargo por méritos propios, en una estimación optimista.
Los jóvenes de quince años no saben descifrar textos ni ecuaciones, pero han captado perfectamente la filosofía subyacente a la política del PP: «Si quieres dinero, herédalo». Cuando el acceso a la heredocracia es empinado, siempre se puede buscar un enchufe a perpetuidad en la Administración, como la presidenta desde que tenía la edad PISA.
La mala educación se adueña de Mallorca, los cerebros por encima de PISA se ven obligados a exiliarse desde principios de siglo. El Govern se frota las manos porque está convencido de que una población empobrecida intelectualmente será más propicia a votarle, y quién se atrevería a desmentirle.
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