Reapareció Sahra Wagenknecht, la líder de la escisión izquierdista y prorrusa cuyas siglas BSW remiten a su nombre -literalmente, ‘Alianza Sahra Wagenknecht’-. Su partido no logró escaños para el Bundestag (Parlamento federal) en las últimas elecciones generales. No hace ni una semana abandonaron sus siglas nueve de los diputados que tiene en el land de Turingia. El 5,3 % obtenido en la vecina Sajonia-Anhalt y sobre todo sus cinco diputados pueden darle la llave al poder que precisa la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).
Wagenknecht, de 57 años, hija de una alemana y de un iraní que les abandonó cuando tenía tres años, es la otra bestia negra de la política alemana. Que la AfD esté en las antípodas de su formación no importa. Parece determinada a dar por bueno lo de «los extremos se tocan». Que el suyo sea el único partido dispuesto a, como argumenta, no bloquear a la AfD como clara ganadora de los comicios regionales, es lo que cuenta.
El caso es que cuando parecía condenada a la extinción o la irrelevancia político, el partido con las siglas de Wagenknecht se ha convertido en clave para el futuro del land, sino para que la AfD materialice su asalto al poder.
Adictos al desgarro
Para el conjunto de los alemanes, el apellido Wagenknecht remite no solo a su formación actual, el partido que se dice pacifista porque rechaza, como la AfD, toda ayuda a Ucrania, sino a sucesivos destrozos entre el centro-izquierda alemán. Crecida en el Berlín germano-oriental, comandó el ala más fielmente comunista del Partido del Socialismo Democrático (PDS), el heredero del régimen del este tras la reunificación. Lo que fue un partido que solo lograba buenos resultados en el antiguo territorio comunista logró hacer pie en el resto de Alemania tras la fusión del PDS con la disidencia que Oskar Lafontaine arrastró consigo tras su fulminante escisión del Partido Socialdemócrata (SPD) en 1999. El entonces canciller Gerhard Schröder llevaba apenas seis meses en el poder, al frente de una coalición con los Verdes. El SPD quedó malherido tras la escisión de Lafontaine, que dimitió de un portazo como ministro de Finanzas, vicecanciller y presidente del SPD.
De la fusión del PDS y la disidencia socialdemócrata nació La Izquierda. Lafontaine y Wagenknecht se casaron y pasaron, como pareja en lo privado y en lo político, a su siguiente destrozo. Abandonaron La Izquierda en 2024, para consagrarse a lo que ahora se conoce como BSW. Su primer triunfo político procedió de Turingia, el mismo land donde la AfD logró su anterior hito, al situarse como primera fuerza liderado por el radicalizado Björn Höcke. La BSW optó entonces por secundar el cordón sanitario del resto de formaciones y respaldó una coalición contra natura de liderazgo conservador. Ahora se ofrece a hacer exactamente lo contrario: impedir el bloqueo de la AfD, lo que solo será posible poniendo a disposición de la AfD los escaños con el apellido Wagenknecht.
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