La nueva ‘era del bienestar’ en la que vivimos lleva meses hablando de microbiota intestinal, inflamación, longevidad y rendimiento. Pero nada de eso importa, ni sirve de mucho, si antes de pensar en ‘optimizar’ nuestro organismo no le estamos dando todos los nutrientes esenciales, ni estamos descansando correctamente, ni logramos alejarnos del estrés crónico.
Así de claro lo deja la dietista integrativa, psiconeuroinmunóloga y colaboradora de ZZEN LABS, Elena Rojas García, que añade: «La alimentación moderna ha cambiado y no siempre se trata de comer poco o mal, sino de cómo vivimos, cómo compramos, cómo cocinamos y cómo se han transformado nuestras rutinas».
El estrés, el sedentarismo, la falta de descanso, el consumo de alimentos procesados, las dietas restrictivas o los entrenamientos muy intensos «pueden aumentar las necesidades de determinados nutrientes», prosigue. Además, hoy en día «es muy frecuente encontrar déficits de vitamina D, magnesio, omega-3, hierro (especialmente en mujeres), vitamina B12 en determinadas poblaciones y, en muchos casos, una ingesta insuficiente de fibra«, se lamenta la experta.
La biodisponibilidad es la clave: no solo importa qué comes, sino cómo y cuánto puede aprovechar el cuerpo
El problema está en que estos déficits no solo aparecen en personas que ‘comen mal’, sino que ocurren incluso en personas que creen llevar una alimentación equilibrada, afirma Rojas. «Cuando hablamos de vitaminas y minerales, no solo importa qué nutrientes se incluyen, sino cómo los aprovecha el cuerpo», sentencia.
«La vitamina D3 es fundamental para la salud ósea, el sistema inmune y la función muscular; la K2 ayuda a dirigir correctamente el calcio hacia los huesos; la vitamina C interviene en la formación de colágeno, la protección antioxidante y el sistema inmunitario; y la B12 es imprescindible para el sistema nervioso, la producción de energía y la formación de glóbulos rojos», explica, pero «una dosis elevada de un nutriente sirve de poco si el organismo no puede aprovecharla«.
Es por eso que «elegir ingredientes con buena biodisponibilidad suele ser mucho más interesante que simplemente fijarse en la cantidad que aparece en la etiqueta», apunta Rojas.
Síntomas claros de que no se están cubriendo las necesidades nutricionales
La experta recuerda que «cada persona debe valorar sus necesidades de forma individual. Sin embargo, existen señales del día a día que pueden indicar que no se están cubriendo correctamente las bases nutricionales, como «el cansancio persistente, dificultad para concentrarse, falta de energía, peor recuperación tras el ejercicio, uñas frágiles, caída del cabello, calambres, alteraciones del estado de ánimo o mayor susceptibilidad a enfermar».












