Aubameyang se encontró esa pelota a campo abierto en el minuto 88 y decidió que era el momento de ponerle el lazo a una victoria impensable. Poco contaban ya esos 37 años, que para él son una convención, o que ya hubiese regalado dos asistencias en esa misma noche. Bien valía una última carrera por un triunfo de Champions para un delantero al que daban por retirado, para un equipo que viene del infierno y que pretende exprimir el cielo. Cayó el Villarreal, flotó el Dépor y el deportivismo en un choque con un ritmo de Liga de Campeones y lleno de pecados. El Dépor, trabajador y también humano, está para lo que le echen.
El Deportivo entraba en terreno inhóspito, el de los equipos gigantes. Más ritmo, más calidad… Una apisonadora casi imposible de detener. Hidalgo no se arredó en la entrada de la jungla. Mismo esquema, mismos hombres. Honraba de, esta manera, el contundente triunfo ante el Valencia, premiaba a sus hombres y creía en una estructura, en un tipo de fútbol. Solo decidía añadirle la jerarquía de José María Giménez, quien ha venido para ser mariscal y para descargar al equipo en esa última línea. Y justo en un día en el que se presumía que iba a haber mucha plancha. Ayoze, Moleiro o Pepe asustan, aunque Íñigo hubiese decidido rotar ante la cercanía de la Champions.
El Dépor quiso ser fiel a sí mismo, pero no fue sencillo en los primeros minutos. Quería sacarla desde atrás, no podía. El Villarreal se metía la pelota bajo el brazo y empujaba y empujaba, pero sin veticalidad ni ocasiones. Tampoco era mal panorama, el sufrimiento y las apreturas se daban por descontado.
A partir del minuto 10 la sensación de ahogo fue a más, aunque tampoco se percibía insostenible. Había espacio para que el Dépor aguantase y creciese a la espera de su oportunidad. Ese mundo ideal en el medio de las trincheras se desmoronó en el minuto 19. Ahí fue cuando una mala salida de Leo Román, a una pelota larga a Pepe, le abrió el cielo y la portería al francomarfileño. 1-0. Dolía, porque había sido un regalo. El equipo coruñés dará más o menos nivel, pero no se los puede permitir. Antes fueron las pelotas cruzada de Villares o Ede y ayer esta mala salida o el cabezazo de Adama.
Por el propio empuje del Dépor o porque el Villarreal decidió tomarse un respiro, los siguientes minutos fueron coruñeses. Aubameyang tuvo una clarísima en una pelota cruzada de Giménez. Debe ser la primera que falla en toda la liga. Un minuto después, el gabonés volvía a rozar el gol. El Dépor levantaba la mano en el partido, mientras buscaba las bandas y el campo contrario para que finalizasen sus delanteros. Bil fue, de nuevo, una pesadilla para la zaga local. Un futbolista que hace un año buscaba reivindicarse en Segunda RFEF. ¿Dónde está su techo?
Villarreal – Deportivo / Kai Forsterling
El Dépor no logró marcar en esos minutos, pero el duelo empezaba a ser de tú a tú, con algún susto incluido, como un doble remate de Gerard Moreno o un disparo de Moleiro ante el que Román sacó una mano prodigiosa. Cuando el descanso asomaba y el Dépor empezaba a llenar la hoja de merecimientos, entre Giménez, Aubameyang y Luismi alumbraron un soberbio tanto. Todo estuvo bien, la asistencia entre las piernas del gabonés fue prodigiosa. Un equipo, unas individualidades. Un empate más que merecido.
La segunda parte
Los primeros compases del segundo acto ya demostraron que el Villarreal estaba decidido a tomar cartas en el asunto. Leo Román ya tuvo que sacar una buena mano en el minuto 48 a disparo de Moleiro, poco después Pepe falla con casi todo a favor, más adelante llegó un gol anulado a los amarillos. El equipo coruñés se descosía, apenas tenía pelota y ni siquiera la entrada temprana de Yeremay le dio aire ni comba en ataque. Era tal la sensación de deshilacharse, de empezar a ahogarse, que Antonio Hidalgo reaccionó en nada con un triple cambio que no dejaba de ser réplica a movimientos de Íñigo. Loureiro para refrescar a Giménez, Casadó para dar relevo a Mario Soriano y Adamá Traoré para cerrar la banda y cabalgar. Aubameyang se quedaba como una isla en ataque, porque Bil se marchaba al banquillo para armarse por dentro.

Villarreal-Deportivo / EFE
El equipo coruñés no llegó a estar cómodo con su nuevo armazón, pero iba resistiendo. El gol de Adama en propia puerta fue una desgracia, pronto revertida con el tanto de Eddahchouri que se celebró a lo grande. Otra asistencia de un cansado, pero siempre exquisito, Aubameyang. La locura no se detuvo y Aubameyang volvió a ser el rey con su gol. Cerró el partido con la cabalgada de un alevín y el gol de un maestro. Bendita locura.













