Cinco unidades de carbón blando en dos centrales térmicas de Alemania propiedad del gigante eléctrico RWE Power tuvieron que ser desconectadas de la red alrededor de las ocho de la noche del martes tras un sabotaje contra una subestación eléctrica en Rommerskirchen, cerca de Colonia. Aunque el suministro de electricidad a los consumidores no resultó afectado en ningún momento, durante una hora se generó un vacío equivalente de 4.200 millones de vatios que fue suplido con reservas y fuentes alternativas, provocando, eso sí, que el denominado precio de desvío se disparara al alza. La coincidencia con otro incidente similar acaecido horas antes en el extremo opuesto del país, cuando desconocidos dañaron, mediante proyectiles caseros, líneas de transmisión y forzaron cortes temporales en otra central de carbón, en esta ocasión en Jänschwalde, en el estado de Brandemburgo, genera sospechas de que ambos episodios constituyen un ataque coordinado con la participación de una potencia extranjera.
La policía local investiga el incidente de Rommerskirchen como «un acto deliberado, una ofensa criminal», y maneja dos hipótesis, sin que sean excluyentes entre sí: que haya sido organizado por una potencia extranjera o por grupos de extrema izquierda. Y es que el pasado mes de enero, un ataque incendiario reivindicado también por un grupo de extrema izquierda –aunque luego desmentido– contra el cableado de una central térmica en las afueras de Berlín provocó el mayor corte de electricidad que ha sufrido la capital alemana desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Alemania no es el único país europeo en el punto de mira de los saboteadores. En Polonia, concretamente en la localidad de Liublin, un incendio se declaró el pasado domingo en las instalaciones de JFGComposites, que fabrica componentes para la industria aeronáutica, incluyendo helicópteros. Horas más tarde, en Skarżysko-Kamienna, en el centro del país, otro fuego provocó daños limitados en la planta de WB Electronics, el principal productor de drones en Europa, que suministra material militar a los Ejércitos de Ucrania y Polonia. Aunque la investigación se halla en un estado preliminar y las autoridades polacas no han podido determinar aún la naturaleza del primer incidente, no albergan dudas de que el segundo episodio constituye un sabotaje deliberado con la probable participación de una «potencia extranjera«.
«Había expectativas de que Rusia escalase (el conflicto en Europa del este) con ataques híbridos, y este temor se ha concretado», ha admitido a EL PERIÓDICO Javi López, vicepresidente del Parlamento Europeo y miembro de la comisión de Seguridad y Defensa de la Cámara. «Rusia está probando nuestras capacidades, nuestra respuesta y nuestra solidaridad, también la respuesta de la OTAN y EEUU», ha corroborado el eurodiputado, antes de calificar los ataques híbridos como «nueva normalidad».
En opinión de expertos y políticos, la inminencia de elecciones en los países de mayor tamaño de la UE hacen preveer una intensificación de estas agresiones híbridas en los próximos meses. Francia, España, Polonia e Italia deberán acudir a las urnas en 2027, ya sea para elegir presidente, ya sea para decidir la composición de los parlamentos nacionales, en polarizadas convocatorias electorales en las que partidos favorables a Rusia, particularmente de ideología ultraderechista, están bien posicionados para sacar partido de los temores y las inquietudes de la ciudadanía. «Están intentando provocar el miedo de la sociedad polaca, que cada vez más teme una guerra», explica a este diario desde Polonia, Piotr Mateusz Bobolowicz, analista de Black Sky-Stop Fake project, página web especializada en desinfomación.
En Italia, «estamos preocupados por el surgimiento de Futuro Nazionale», liderado por el general de división Roberto Vanacci, advierte en conversación telefónica Matteo Pugliese, analista sénior en la organización Debunk.co, un laboratorio de ideas especializado en desinformación con sede en Vilnius (Lituania). Vanacci, enmarcado por los politólogos en la derecha radical populista, declara sin ambages su euroescepticismo radical y su antiglobalismo. Y a diferencia de la primera ministra Giorgia Meloni, se opone tajantemente al alineamiento de Italia con la UE y la OTAN en su pugna con Rusia, además de rechazar el envío de armas a Ucrania y defender un entendimiento con Moscú, proponiendo reestablecer canales de comunicación y comerciales. «Es un caballo de Troya de la influencia rusa en Italia», ha valorado el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR). Las encuestas de opinión otorgan a Futuro Nazionale entre el 7% y el 8% de las intenciones de voto, y si acaba integrándose en la coalición gubernamental, podría modificar de forma sustancial el apoyo del país transalpino a Ucrania.
La receta que políticos y analistas recomiendan de forma unánime para afrontar esta oleada sin precedentes de amenazas híbridas es, como dice el eurodiputado López, «firmeza y unidad» entre los socios europeos. «Aunque todavía vemos en los gobiernos cálculos electorales, existe mucha más conciencia que hace cinco años» del problema que representa Rusia para la seguridad de la Unión. Y sobre todo, de la necesidad de que los Veintisiete adquieran cuanto antes autonomía estratégica mediante inversiones en defensa. «Europa debe aprender a defenderse», sentencia López.
Una opinión que comparte con Bobolowicz. «No hay que rendirse nunca» ante las agresiones híbridas del Kremlin, insiste el analista, antes de demandar a la clase política, tanto de su país como de Europa, altura de miras y conciencia de la trascendencia del momento. «Los políticos deben actuar en interés del Estado y no mirando sus intereses a corto plazo», afirma, antes de concluir con un mensaje positivo: «si Rusia está incrementando sus ataques híbridos, eso quiere decir que estamos haciendo cosas bien«.
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