A primera hora de la mañana, miles de trabajadores cruzan cada día la puerta de edificios de oficinas repartidos entre Madrid, Seattle, Londres, París o Toronto sin reparar en un detalle que los une a todos.
Los ingenieros de Amazon que trabajan en la Torre Foster de Madrid, los empleados de Meta instalados en Seattle, los abogados de un despacho internacional en el complejo Capital 8 de París o los ejecutivos que ocupan plantas del Royal Bank Plaza de Toronto comparten un mismo casero: Amancio Ortega.
Pocos saben que, antes incluso de encender el ordenador, ya están contribuyendo al imperio inmobiliario del fundador de Inditex.
Durante décadas, el empresario ha sido conocido por revolucionar la industria mundial de la moda. Hoy también se ha convertido en uno de los mayores propietarios inmobiliarios del planeta.
Tienda de Apple en Barcelona. / Cedida
A través de Pontegadea ha construido una cartera de más de 130 activos repartidos por una quincena de países valorados en más de 21.000 millones de euros, integrada por oficinas, hoteles, edificios residenciales, centros logísticos y algunos de los locales comerciales más exclusivos del mundo.
Lo llamativo no es solo el tamaño de ese patrimonio, sino la identidad de quienes pagan cada mes sus alquileres. Entre los arrendatarios figuran gigantes tecnológicos, entidades financieras, consultoras, firmas de lujo y operadores logísticos.
Amazon ocupa el complejo Troy Block de Seattle, varias plataformas logísticas y siete plantas de la Torre Foster de Madrid. Meta está presente en Arbor Blocks, en Seattle, y en las oficinas de Castellana 35.
Google trabaja desde la Torre Picasso y Apple ocupa locales comerciales en Barcelona, Valencia y París. A ellos se suman Spotify, BlackRock, McKinsey, Royal Bank of Canada, Banco Sabadell o Standard Chartered. Y así hasta más de un centenar de inquilinos.

Sede de Facebook en Madrid. / Facebook
La estrategia seguida por Ortega durante las dos últimas décadas explica esa diversidad. Frente a la promoción inmobiliaria tradicional, compra edificios emblemáticos ya alquilados, con contratos a largo plazo y ocupados por empresas de máxima solvencia. Cada adquisición incorpora desde el primer día una fuente estable de ingresos y minimiza el riesgo de desocupación.
Ese modelo ha convertido el negocio inmobiliario en uno de los grandes motores de la fortuna del empresario. Solo en 2025, superó los 1.000 millones de euros en ingresos por alquileres, lo que confirma el éxito de una estrategia basada en adquirir inmuebles prime en las principales capitales del mundo.
Su cartera refleja la economía global. En Londres, el Adelphi Building alberga a Spotify, BlackRock, Shiseido o The Economist; McKinsey ocupa The Post Building también en Londres; el Royal Bank Plaza de Toronto mantiene como principal inquilino al mayor banco canadiense; y el recién adquirido Capital 8 de París reúne a compañías como Mitsubishi Heavy Industries, Standard Chartered o Tikehau Capital.
En los últimos años, además, Pontegadea ha reforzado su apuesta por la logística con plataformas alquiladas a gigantes de la distribución como Amazon, Walmart, FedEx o Lactalis. La diversificación por sectores y países ha reducido la dependencia de cualquier cliente y ha convertido al holding en uno de los mayores propietarios de inmuebles de alta calidad del mundo.

Sede de Spotify en Londres. / Spotify
La dimensión alcanzada por el negocio queda patente en otro dato. Aunque Pontegadea nació para gestionar los dividendos generados por Inditex, hoy la compañía textil representa solo una pequeña parte de sus ingresos inmobiliarios. Según la memoria anual de la multinacional, Inditex pagó 49 millones de euros en alquileres a sociedades de Pontegadea durante el año pasado, alrededor del 5% de las rentas de la empresa. El resto procede de cientos de contratos firmados con compañías de todos los sectores repartidas por medio mundo.
Ese cambio resume la transformación experimentada por el empresario en los últimos veinte años. El fundador de Zara ya no es solo el dueño de una de las mayores compañías textiles del planeta. También es el casero de las empresas más poderosas del mundo.
Cada vez que un empleado entra a trabajar en una oficina de Amazon, Meta, Google, Spotify o BlackRock instalada en uno de sus edificios, o un cliente cruza la puerta de una tienda de Apple, Primark o Burberry ubicada en uno de sus locales, lo que pagan esas empresas por el alquiler termina engrosando las cuentas del imperio inmobiliario que Amancio Ortega ha construido, discretamente, ladrillo a ladrillo.
Los rivales de Zara pagan a Ortega
Que Primark, H&M, Mango o Burberry compitan cada día con Zara por atraer clientes no impide que todas ellas tengan algo en común con la firma de Inditex: pagan el alquiler de algunos de sus locales a Amancio Ortega.
El fundador del grupo textil ha construido durante dos décadas una cartera inmobiliaria en la que conviven algunas de las principales marcas mundiales de la moda. En Madrid, el edificio de Gran Vía 32, que compró en 2015, alberga tiendas de Primark, Mango y H&M, mientras que Burberry ocupa uno de los inmuebles de Pontegadea en el paseo de Gràcia de Barcelona.
En Estados Unidos también aparecen Gucci en Rodeo Drive en Los Ángeles, Tiffany & Co. en Chicago y San Francisco, además de Gap, Old Navy o Banana Republic en distintos locales comerciales propiedad del empresario. En Países Bajos, Tommy Hilfiger y Calvin Klein desarrollan su actividad desde un centro logístico que adquirió el fundador de Inditex.
La paradoja alcanza incluso a Inditex. La multinacional textil también alquila varios inmuebles a sociedades de Pontegadea para ubicar algunas de sus tiendas, aunque su peso dentro del negocio inmobiliario del empresario es reducido. Según la memoria anual del grupo, durante 2025 abonó 49 millones de euros por arrendamientos a empresas del holding patrimonial de Amancio Ortega.
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