Francesc Garrido era un actor de semblante serio, a veces incluso hosco, reflexivo y callado, ideal para personajes que escondían algo detrás de una mirada severa. Su presencia perturbaba, aunque a veces encarnó a individuos más frágiles de lo que esa presencia inflexible hacía presagiar. Asumió papeles secundarios en cine y televisión, pero fue el principal protagonista en algunas producciones de carácter más independiente. Seleccionamos tres de sus más notorios trabajos.
‘Smoking room’ (Roger Gual y J.D. Wallovitz, 2002)
Una película coral en la que todas las actuaciones están a la misma altura, por lo que en el festival de Málaga se dio el premio de interpretación masculina a los actores de la película (Antonio Dechent, Juan Diego, Eduard Fernández, Garrido). La acción acontece en la sucursal española de una empresa estadounidense en que se prohíbe el tabaco. El filme captura las conversaciones en la calle mientras fuman, aunque reivindican un despacho desocupado para hacerlo.
‘Mar adentro’ (Alejandro Amenábar, 2004)
Garrido dio vida al abogado y amigo personal que se encarga de defender la causa del tetrapléjico Ramón Sampedro, interpretado por Javier Bardem. Una de las producciones españolas de considerable envergadura de producción en las que participó el actor –siempre en papeles secundarios, generalmente sólidos y precisos–, junto a ‘La ciudad de los prodigios’, ‘Te doy mis ojos’ y ‘Alatriste’.
‘La silla’ (J.D. Wallovitz, 2006)
Destacamos ese trabajo porque es uno de los pocos en los que Garrido es el centro absoluto del relato. Realizada por el codirector de ‘Smoking room’, se centra en un personaje totalmente perdido en su rutina cotidiana. Decide romper con todo, incluyendo amigos y conocidos, y se lanza a una metafísica aventura. Garrido demostró querencia por trabajar en este tipo de filmes arriesgados y en los márgenes, como ‘Gente de mala calidad’ y ‘Gente en sitios’, del inclasificable Juan Cavestany, y ‘Stella Cadente’ de Lluís Miñarro.
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