El arzobispo de Valladolid, don Luis Argüello, ha publicado su carta pastoral correspondiente a la primera quincena de septiembre, la primera de este curso pastoral, para profundizar en el lema de la Asamblea Diocesana: «Sal y anuncia la alegría, en comunión». En su reflexión, el prelado vallisoletano ha invitado a pensar sobre la alegría como una «experiencia nueva y genuina de la Historia Santa narrada en las Escrituras, especialmente en el Nuevo Testamento».
El prelado ha advertido de que la experiencia del gozo puede llegar a confundirse con otras vivencias humanas como el placer, la fiesta o la felicidad. Sin embargo, ha remarcado que la diferencia entre ellas es de raíz y no de grado, ya que «no se trata simplemente de experiencias más o menos intensas, sobrenaturales o mundanas, sino de una estructura y dinamismo distintos».
Diferencias entre placer, felicidad y fiesta
Al abordar el placer, Argüello lo ha descrito como una categoría básica, pasiva y puntual que responde a los sentidos y se emparenta con la diversión externa o la evasión. Por su parte, la felicidad o eudaimonía aristotélica requiere una vida entera vivida conforme a la virtud, aunque el mundo moderno la ha degradado «al vincularla al poder autónomo y los bienes de consumo, acercándola peligrosamente a la búsqueda adictiva del placer».
Respecto a la fiesta, el arzobispo ha indicado que no debe reducirse a un simple ocio organizado, ya que su sentido auténtico constituye una «afirmación de nuestro ser y estar en el mundo, de nuestra condición de familia y de pueblo». Por este motivo, ha señalado que toda celebración genuina remite al culto y que la propia sociedad secularizada reclama rituales religiosos que la justifiquen.
La naturaleza del gozo cristiano
Frente a las nociones mundanas, el prelado ha destacado que «la alegría es don acogido, no esfuerzo logrado» y representa un fruto del Espíritu que se recibe y no se conquista por la propia actividad virtuosa. De este modo, ha subrayado que «la alegría cristiana puede coexistir con el dolor porque no depende de que las circunstancias vayan bien, sino de una comunión que las precede y las sostiene».
En este sentido, don Luis Argüello ha recordado las enseñanzas de Pablo VI en ‘Gaudete in Domino‘, donde se explica que la sociedad de consumo multiplica las diversiones precisamente por haber perdido la alegría. Asimismo, ha rescatado diversos textos bíblicos de san Pablo y del evangelio de Juan para mostrar que este gozo «no cancela el dolor, sino que nace atravesándolo» y desemboca en una celebración que no se extingue.
El gozo evangélico no depende de la actividad del sujeto, sino de su relación con una Presencia»
Arzobispo de Valladolid
Llamada a la comunión y al anuncio
Al profundizar en la dimensión espiritual, el arzobispo ha asegurado que «el gozo evangélico no depende de la actividad del sujeto, sino de su relación con una Presencia». Como ejemplo máximo de este hecho, ha evocado el momento en el que Juan el Bautista saltó en el seno de Isabel ante la llegada de María, tratándose de un gozo cristológico que brota del encuentro trascendente.
Finalmente, Argüello ha remarcado que esta vivencia no se posee en solitario, sino que impulsa a los creyentes a salir y compartirla en medio de la fragilidad cotidiana. Esta alegría, ha concluido, «nos moviliza y nos hace saltar para salir y anunciarla, en comunión con su manantial, el Dios Comunión», junto al pueblo de testigos que celebra la fiesta cada domingo.













