El sector manufacturero español se deteriora en agosto, «un mes algo desafiante», ya que «tanto la producción como los nuevos pedidos registraron descensos mensuales en medio de un estancamiento de la demanda del mercado«. De hecho, el índice PMI registró su lectura más baja desde marzo.
«Esta debilidad se manifestó con especial intensidad entre los fabricantes de bienes de capital, ya que las empresas siguen teniendo dificultades para atraer inversiones y cerrar nuevos contratos debido a la incertidumbre reinante en el mercado», señalan en S&P Global Market Intelligence.
Como explican, dicha incertidumbre «puede ser vinculada a la volatilidad en la fijación de precios que las empresas continúan experimentando en 2026″.
«Ante el nuevo repunte de los costes energéticos en agosto, la inflación de los precios de los insumos se ha disparado de nuevo, ejerciendo una presión considerable en los márgenes de beneficios, por lo que la confianza en las perspectivas se mantuvo débil. No es de extrañar que las empresas se mostraran reticentes a contratar personal o adquirir nuevos insumos, hecho que se tradujo en un recorte tanto del empleo como de la actividad de compras en el mes», comentan.
Así, el índice S&P Global PMI del sector manufacturero de España, ajustado estacionalmente, volvió a situarse por debajo del nivel de ausencia de cambios de 50 en agosto. Al caer de 50,2 registrado en julio a 49,5, el índice representó un empeoramiento de las condiciones operativas por segunda vez en los últimos tres meses.
En concreto, tanto la producción como los nuevos pedidos disminuyeron. Después de tener en cuenta la estacionalidad habitual asociada a los cierres de las fábricas en verano, la caída de la producción fue la más acusada registrada desde finales de 2023. Las empresas encuestadas atribuyeron el descenso de la producción principalmente a una ligera reducción de los nuevos pedidos, en medio de informes de un estancamiento tanto de la demanda como de las condiciones del mercado.
Las ventas tanto nacionales como internacionales cayeron (estas últimas, en parte debido a los aranceles), aunque el declive en general de los nuevos pedidos de exportación fue solo marginal y el más leve desde noviembre de 2025. La reducción de la producción también fue posible, en parte, debido a una mayor utilización de los inventarios en almacén, puesto que las empresas registraron la caída más pronunciada de los stocks de productos terminados desde abril.
Asimismo, las firmas pudieron recurrir a sus existencias para ayudar a reducir el volumen de trabajo pendiente, el cual disminuyó en general por primera vez desde marzo, a pesar de la reducción de la capacidad laboral. La encuesta de agosto reveló un nuevo descenso moderado del empleo, extendiendo así la actual tendencia a la baja a doce meses.
Los encuestados también adoptaron una postura cautelosa con respecto a la actividad de compra, ya que redujeron sus compras por noveno mes consecutivo. El ritmo de contracción fue el más fuerte desde abril de 2025, debido a la debilidad de la producción y de los nuevos pedidos. Las empresas también optaron por utilizar sus inventarios de insumos siempre que fue posible, lo que provocó una disminución de los stocks de compras por undécimo mes consecutivo. Las empresas también recurrieron a sus stocks de insumos existentes debido a las continuas perturbaciones en las cadenas de suministro.
Los plazos medios de entrega se alargaron a un ritmo considerablemente superior a la tendencia de la encuesta, aunque el incremento fue el más leve registrado desde febrero. Las empresas siguieron informando de que el conflicto bélico en Oriente Medio afectó negativamente a las rutas de transporte marítimo y que los proveedores continuaron teniendo dificultades para abastecerse de inventarios.
La escasez de oferta contribuyó a aumentar la inflación de los costes de los insumos en agosto. Sumado a los informes de precios energéticos más elevados y mayores costes del transporte, los precios de los insumos en general subieron a una tasa mucho más fuerte que en julio y a un ritmo superior al observado antes del inicio de la guerra en Oriente Medio (aunque este todavía se sitúa por debajo de las tasas observadas entre abril y junio). Este aumento de los costes también impulsó al alza los precios de venta, aunque estos aumentaron a un ritmo muy inferior al de los precios de compra.
Por último, de cara a los próximos doce meses, el incremento de precio de la energía y la preocupación por las tendencias actuales de la demanda provocaron un debilitamiento de la confianza en las perspectivas de producción con respecto a julio, y el optimismo se mantuvo por debajo de su nivel habitual.














