Aunque pueda parecer ciencia ficción, los auriculares que leen la actividad cerebral ya están a la venta. La empresa de tecnología portátil Neurable afirma que sus auriculares, equipados con sensores de electroencefalografía (EEG), pueden rastrear la fatiga y reducir el agotamiento.
Por la noche, captan las señales eléctricas del cerebro para registrar el sueño. Durante el día, los mismos sensores EEG ayudan a programar tareas exigentes, entre otras aplicaciones. ¿Exige este tipo de tecnología alguna reglamentación especial en cuanto a la información que se captura, por ejemplo en niños y adolescentes?
Según explica José Muñoz, Investigador Principal en Neurotecnología de IE University, en España, en un artículo publicado en The Conversation, esta tecnología está entrando progresivamente en el mercado de consumo y podría convertirse en una parte habitual de los dispositivos que llevamos puestos.
Los wearables que leen el cerebro ya son una realidad
Neurable, por ejemplo, comercializa auriculares con sensores de electroencefalografía (EEG) que pretenden detectar fatiga, mientras que los Smartbuds de NextSense utilizan señales cerebrales para analizar el sueño. No se trata, por lo tanto, de un escenario puramente futurista: los wearables capaces de registrar la actividad cerebral ya están llegando al público.
La precisión de estos sistemas, sin embargo, tiene límites. Unos auriculares con EEG no permiten sentarse frente a una persona y conocer literalmente lo que está pensando. La cuestión es más sutil, y quizás más preocupante: las señales cerebrales pueden utilizarse para inferir determinados estados mentales o físicos.
Atención, cansancio, respuestas emocionales, patrones de sueño o determinadas características cognitivas pueden convertirse en datos susceptibles de ser procesados por algoritmos. La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) advierte que los neurodatos pueden utilizarse para inferir estados emocionales y cognitivos y, combinados con inteligencia artificial, revelar información sobre pensamientos, sentimientos o salud.
El tema de la privacidad y la era del cerebro como interfaz
Ahí aparece el verdadero problema: quién controla esos datos y para qué se utilizan. Un historial de navegación revela qué buscamos. Un smartphone puede mostrar dónde estamos. Pero los neurodatos pueden aportar información sobre cómo reaccionamos ante estímulos o sobre determinadas características de nuestro estado mental. Si una empresa pudiera conocer, por ejemplo, cuándo estamos fatigados, concentrados, estresados o más receptivos a determinados estímulos, ese conocimiento tendría un enorme valor comercial.
En un estudio publicado en la revista Annals of the New York Academy of Sciences, Muñoz llama a esta nueva realidad como la era del cerebro como interfaz. Esto supone que la neurotecnología está abandonando los laboratorios y hospitales donde nació e instalándose en nuestras oficinas, calles y dormitorios. Esta migración representa una nueva condición tecnológica, aquella en la que el cerebro se convierte en un punto de contacto rutinario entre nuestro yo biológico y los sistemas digitales que nos rodean.
La tecnología todavía no descifra pensamientos literalmente, pero ya puede registrar señales cerebrales y utilizarlas para realizar inferencias. / Crédito: Jair Medina Nossa en Unsplash.
Una problemática concreta
La preocupación no es hipotética. La AEPD y el Supervisor Europeo de Protección de Datos han señalado que algunos tratamientos de neurodatos pueden afectar de forma sustancial a derechos y libertades fundamentales. En función de la información que permitan obtener, estos datos pueden entrar además en categorías especialmente protegidas por el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), como los datos biométricos o relativos a la salud. El organismo español subraya que, por su carácter extremadamente sensible, cualquier tratamiento debe justificarse y respetar principios como la proporcionalidad, la transparencia y la lealtad.
En España, la cuestión ha cobrado especial relevancia durante 2026. La AEPD ha coordinado un grupo de trabajo de la Red Iberoamericana de Protección de Datos que acaba de aprobar un documento específico sobre los riesgos de los neurodatos en ámbitos no sanitarios, como el consumo, la publicidad o el entretenimiento. El documento plantea garantías reforzadas, transparencia y explicabilidad, además de identificar usos potencialmente inaceptables que podrían requerir prohibiciones específicas.
Referencia
Neurotechnological Natives and the Neurotechnology Shift: A Research Agenda for the Brain-as-Interface Era. José M. Muñoz. Annals of the New York Academy of Sciences (2026). DOI:https://doi.org/10.1111/nyas.70381
Pensamientos para el mercado de datos
El debate también ha llegado al ámbito global. UNESCO aprobó en 2025 su primera recomendación internacional sobre la ética de la neurotecnología y señala la protección de la privacidad mental, la autonomía y la libertad de pensamiento como cuestiones esenciales. La organización advierte especialmente de los riesgos para niños y adolescentes y del posible uso de estas tecnologías para monitorizar a trabajadores o crear perfiles sobre ellos.
También se reclaman mecanismos específicos de protección para los datos neuronales y medidas como el procesamiento local, el cifrado, la minimización de datos y un consentimiento informado, específico y revocable. La revolución de los auriculares cerebrales acaba de empezar: el desafío para España y Europa será conseguir que la innovación avance sin convertir la actividad de nuestra mente en otro producto más del mercado de datos.
Fuente: Levante – EMV
















