España llegará a los 50 millones de habitantes en los próximos meses. Actualmente ya somos 49,8 millones, de los cuales 10,2 millones nacieron en el extranjero. En el mundo, España es el 32º país más poblado. En peso económico, es el 14º país del planeta, con un PIB que se acerca a 1,7 billones de euros. Una posición por detrás de México y una por delante de Corea del Sur. En PIB por habitante, ocupa el 30º lugar en una clasificación que lideran Liechtenstein, Luxemburgo, Irlanda, Suiza e Islandia. En este ránking de riqueza personal, el primer país no europeo es Singapur, en sexta posición. Precisamente, esta ciudad-Estado ha sido protagonista semanal al anunciar que dará ayudas de hasta 47.000 euros por cada niño/a nacido/a hasta que cumpla los 17 años. Todo un compromiso para luchar contra la caída de la natalidad.
Pero sigamos con la fotografía española. Los 49,8 millones de conciudadanos pueden dividirse, a trazos gruesos, en cuatro grandes grupos: el 47,4% trabaja; el 26,4% son niños en edad preescolar y escolar, estudiantes, personas que realizan labores del hogar sin remuneración o que pertenecen al grupo diverso de clases inactivas que no buscan empleo ni reciben pensión; el 21,15% son pensionistas, la inmensa mayoría jubilados y prejubilados, y el 5% son parados que, se supone, buscan trabajo.
Que menos de la mitad de los españoles tengan un empleo remunerado debería llamar la atención y generar cierta preocupación. De ellos, además, tres millones, el 13%, son funcionarios de las administraciones públicas, y 1,9 millones de las comunidades autónomas. Los ciudadanos que trabajan en el sector privado suman 19,7 millones.
El salario medio bruto anual del trabajador español fue en 2024 de 29.540 euros, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Una pareja con dos hijos ingresa de media 60.000 euros al año, de los cuales destina a impuestos sobre la renta entre 10.000 y 11.000 euros, dependiendo de la región donde viva. De los 50.000 euros de ingresos netos destinados a gastos corrientes, consumo y ahorro/inversión, habrá que seguir deduciendo más impuestos indirectos, empezando por el IVA.
Las cifras macroeconómicas siguen generando optimismo y son aprovechadas tanto por el Gobierno central como por las comunidades autónomas para sacar pecho de su gestión. Cosas y casos de la peculiar descentralización española. El PIB en 2026 puede acabar creciendo entre el 2,5% y el 3%, según los distintos oráculos. Entre los grandes países de la UE, solo Polonia superará a España. Francia, Alemania e Italia esperan crecimientos inferiores al 1%. La UE, en su conjunto, del 1,1%.
Peor resultado da para España otro de los indicadores más seguidos por los analistas: la inflación. Con el 3,9%, está un punto porcentual por encima de la media de la UE que registra el Banco Central Europeo (BCE). En España, con una economía muy dependiente del sector turístico, los precios suben más. Este verano ha servido para constatar la escalada de precios en cualquier servicio, empezando por la restauración y acabando en cualquier parque de atracciones para niños.
Los grandes proyectos del futuro deben estar por encima de los vientos políticos, siempre al albur del calendario electoral
España crece, pero de forma desigual. Aumentan los desequilibrios y la sensación de que la vida se está encareciendo mes a mes se ha asentado en la sociedad. Estas desigualdades se incrementan dependiendo de las regiones. No vive igual de bien alguien con el mismo sueldo en Baleares, por poner un ejemplo, que en Soria. La vivienda en Palma es el 175% más cara que en la capital castellana.
‘activos’ empieza la nueva temporada con una portada clásica: los desafíos de la economía española en el próximo curso. Pocas variaciones ha habido desde hace un año. Se mantienen los mismos retos e incertidumbres. España debe mejorar sus niveles de productividad, facilitar un empleo de más calidad, mejorar los salarios, facilitar a las empresas -ay, estos costes salariales- la capacidad de contratar más y mejor, facilitar el crecimiento de las empresas reduciendo esta burocracia que tanto daño sigue haciendo al desarrollo de los negocios. Se necesita una fiscalidad más atractiva. Pagamos demasiados impuestos.
Y, por supuesto, utopía quizá, hay que exigir el consenso político necesario para poder afianzar la seguridad jurídica en los grandes temas de país. Los grandes proyectos de futuro deben estar por encima de los vientos políticos, siempre al albur del calendario electoral. Empieza una nueva temporada. Las amenazas geopolíticas internacionales, los efectos de la IA y las expectativas financieras exigen mayor esfuerzo, ambición y, cómo no, serenidad.
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