Las claves
Generado con IA
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El ministro de Exteriores atribuye la crisis en Ceuta a una suerte de conspiración global.
Su tesis es contundente: una sentencia del Supremo fue deformada en redes, se propagó el bulo de que la frontera estaba abierta y ese mensaje habría empujado a miles de personas a dirigirse hacia Ceuta.
Después, llegó la amplificación. Las plataformas, según José Manuel Albares, se convirtieron en el “canal inflamable” por el que las mentiras se propagaron a escala global.
Es ahí donde el ministro apunta directamente a Elon Musk y habla de una “guerra cognitiva”: una ofensiva en la que habrían confluido lo que él denomina una “internacional reaccionaria” y redes de desinformación rusa.
Pero hay un antes y un después. Del después sabemos casi todo. Sin embargo, ¿cómo se llegó hasta allí? ¿Cómo pudo crecer este terremoto sin que nadie lo detectara a tiempo?
Albares insiste en que la relación con Marruecos es buena y que ha tenido comunicación constante pero evita en todo momento señalar al Gobierno vecino.
Un gobierno que es capaz de encarcelar en horas a una influencer extranjera por escribir en redes contra la policía marroquí, pero que no detectó esta actividad “explosiva”.
La desinformación existe y combatirla es una de las grandes batallas europeas desde que saliese adelante el Brexit. Pero invocarla y hablar únicamente de una “guerra cognitiva” no resuelve la cuestión de fondo y diluye las responsabilidades.














