Hace casi un año la editorial Temas de hoy publicó un libro de la escritora Analía Plaza titulado La vida cañón. La historia de España a través de los boomers. El término «generación boomer» hace referencia a las personas que nacieron tras la Segunda Guerra Mundial; pero, como sucedió con buena parte de las corrientes literarias en España, llegamos un poco tarde. Es así que, mientras que a nivel general esta etiqueta recoge a los nacidos entre 1946 y 1964, en nuestro país el boom demográfico va más o menos de 1958 a 1975. Analía Plaza sostiene como tesis que «El jubilado de hoy en día o el que está a punto de jubilarse se está pegando la vida cañón». Dice también que «se han convertido en una cohorte superrica», o que «han comprado viviendas que se han revalorizado mucho, y van a dejar toda esa riqueza en manos de mucha menos gente, porque ellos han tenido muchos menos hijos que las generaciones anteriores».
Leo esta semana en este mismo periódico un artículo de S.F. Lombardía en el que se cuenta que los nuevos dueños del café Dindurra lo ponen a la venta por una cifra millonaria (2, 1 millones de euros) para hacer frente a la construcción de viviendas de lujo en los pisos superiores. Llamo a mis padres, los dos jubilados desde hace unos cuantos años, a ver si están detrás de la compra y no nos habían dicho nada ni a mí ni a mis hermanos, prosigo después con más jubilados de mi entorno y resulta que no, que no tienen nada que ver con esa compra y que ni siquiera se plantean adquirir uno de los futuros pisos con vistas al Parque de Begoña. Amplío el rango de mi estudio y ya me voy a los que están a diez años de estar en ¿edad de jubilación?; los de mi quinta, los que éramos cuarenta en clase e íbamos a Primero J en el Instituto Público. Sigo sin dar con nadie. Ya metidos en faena, me interesa saber cuántos pisos tienen para afearles el daño que le están haciendo con sus especulaciones al derecho constitucional a una vivienda digna, y tampoco encuentro a nadie salvo alguno que heredó junto a sus dos hermanos un piso familiar por el que milagrosamente no van a tener que pagar impuesto de sucesiones pese a estar viviendo bajo el yugo de la presión fiscal asturiana. Sí conozco, sin embargo, a varias personas a las que les van a subir el alquiler casi al doble cuando venza su contrato porque el inmueble donde residían fue adquirido por uno de esos llamados fondos buitre.
Comparto el dolor de tantos jóvenes que tras haberse formado y tener un trabajo no pueden ni soñar con independizarse, pero la única vida cañón que tienen mis padres es la seguridad de que si mañana se rompen la cadera no van a tener que hipotecar su vivienda para recuperarse.
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