Roberto Díaz de Orosia, ilustre pintor costumbrista cuya fama transcendió allende de los mares a tenor de larga lista de gallerías en donde expuso su largo trabajo de obras. Así ha sido reconocido por otros personajes asturianos como estan siendo admirados por Melquíades Álvarez o el propio Manolo Linares.
Pero no es mi intención comentar su obra artística de la que esta llena su Casa Rosa lugar sito en La Guía sino brevemente esbozar su biografía, en calidad de presidente de la asociación vecinal que me cupo ocupar en el barrio, hasta su muerte tristemente acaecida el pasado miércoles 19 de agosto.
Se trata de una persona afable desde sus comienzos en la Guía, interesada por el barrio y activa en la asociación que incluso mantuvo durante largo tiempo. A su vez era un maliayo de Les Marines. Su carácter familiar le llevó a organizar una reunión de toda su amplia familia y amigos, incluyendo a Marcelino, famoso entrenador y vecino de La Guía, que prácticamente ocupaba un tercio del campu. Solíamos visionar partidos dirigidos por Marcelino en torno a una botella de sidra en una de las sidrerías de La Guía.
Nuestra amistad era tal que con frecuencia me invitaba a su casa y me ilustraba con las obras que habían sido finalizadas. Estas incluían una gran cantidad de pinturas y trabajos de esculturas sobre troncos de madera que constituían unas joyas dignas de un museo. Afortunadamente en mi casa obtuve pinturas y acuarelas que demuestra su amor a las fiesta populares ya sea en territorio maliayo o en la cuesta de Cholo o en la misma playa Estaño. Las conservo como recuerdo permanente de su persona.
Conocedor de un incidente, que tuvo en Astorga, donde disfrutaba casi todos los veranos, sufrió de un ictus que contribuyó a un cambio brusco de su carácter. Personalmente, conocedor de la enfermedad que supero inicialmente, me apresuré a visitarle periódicamente con el fin de ayudarle habida cuenta de que yo había sufrido de la misma y le advertía de una serie de consejos que le ayudarían a mejorar su lenguaje, y despistes insistiendo en la paciencia a conservar los consejos de mejorar la afasia y el peligro de la conducción de vehículos.
Tras un tiempo excesivamente corto cedió en la práctica de esa mejoría y llego a perder el habla y su salud se deterioró paulatinamente. Pese a ello ejerció la práctica de la acuarela de la cual me ha dejado un recuerdo.
Su hija Begoña me hizo comprender la realidad de una persona enamorada de su profesión, trabajador intenso cuya estrella era hacer lo que le quería hacer siempre lo que le venía en gana. Razón que considero muy eficaz, que explica determinadas acciones en la conducta humana.
Finalmente le estoy muy agradecido en el impulso y promoción de la construcción de nuestra Capilla que, pese a su agnosticismo, nos brindó la idea central de la misma donándonos de un frente de madera tallado con una preciosa jaculatoria en juego con las vidrieras que adornan el resto de nuestra capilla.
En definitiva son muchos los detalles que nos ha dejado su estancia entre nosotros miembros de la asociación siendo su estandarte que le acompaña en su despedida a modo de la visera marinera de la que le nunca se separó siempre hasta su descanso con su madre en Quintueles.
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