Antonio no ha dejado de buscar a su hija Teresa desde que desapareció hace 26 años. Tenía solo 18 años cuando salió una noche con unos supuestos amigos y nunca volvió a casa. Ahora, los investigadores han decidido reabrir el caso, una noticia que ha vuelto a despertar las esperanzas de la familia, aunque también ha reabierto una herida que nunca ha llegado a cerrarse.
«No se vive, se sobrevive», reconoce su padre, que asegura pensar en su hija cada día. Durante todo este tiempo ha recorrido España de un lado a otro siguiendo cualquier pista que pudiera llevarle hasta Teresa. Incluso ha acudido a lugares donde le aseguraban que podía encontrarse su cuerpo, pero nunca encontró nada. «Nunca hemos tenido una pista de verdad», lamenta. Si Teresa ha fallecido, Antonio solo pide una cosa: «Darle una sepultura digna».
La desesperación también les ha llevado a encontrarse con personas que se han aprovechado de su dolor. Algunos llegaron a pedirles dinero a cambio de supuesta información sobre el paradero de Teresa. «Vas a ese sitio y te encuentras que ha sido un timo», cuenta Antonio. Golpes que, después de tantos años, se hacen todavía más difíciles de soportar. «Te destroza el alma y te quita las ganas de vivir», confiesa.
La periodista Cruz Morcillo no pudo ocultar la emoción al hablar con él. «Me sigue removiendo siempre que te veo y que te escucho», le reconoce, al tiempo que denuncia que algunas personas hayan jugado con el sufrimiento de la familia. «Han pagado millones a gentuza que ha jugado con sus sentimientos», explica. Para Antonio y su familia, después de 26 años, la única prioridad sigue siendo la misma: saber qué pasó con Teresa y poder descansar algún día. «El sufrimiento que tenemos nosotros no se irá nunca».
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