La autopista AP-7atraviesa una situación de «colapso» a su paso por la provincia de Castellón: máximos históricos de tráfico, accidentes graves cada vez más frecuentes, un deterioro al alza y un número creciente de usuarios que coinciden en describir así el estado de la vía.
Cada día unos 45.942 vehículos pasan de media por la carretera, según los datos del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible de una de las estaciones ubicadas en el sur provincial. Son un 1,86% más que el año pasado. Aunque puede parecer poco, el crecimiento es sostenido en el tiempo y se concentra desde que se produjo la liberalización de la vía, al finalizar el 2019. Desde entonces el tráfico se ha triplicado. Destaca en especial que la circulación de camiones se ha multiplicado por cuatro desde entonces y ya alcanza los 13.510 diarios, suponiendo ya casi uno de cada tres vehículos que circula por la vía rápida.
Colisiones múltiples o mortales
Más allá de los datos de tráfico, los accidentes también se disparan. Esta misma semana tres vehículos se accidentaron al perder arena un camión, la pasada se produjo un accidente múltiple con cinco vehículos y, a principios de mes, una niña de 13 años perdía la vida en Benicàssim al colisionar un camión con una autocaravana detenida en el arcén por un pinchazo.
Y en cuanto a la conservación, Transportes activó el año pasado un contrato de 39,7 millones dedicado al mantenimiento, aunque la vía sigue presentando deficiencias en algunos tramos, con grietas, socavones y baches, además de un drenaje insuficiente ante lluvias.
«Está colapsada», sentencia el presidente de la Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana (CEV) en Castellón, Luis Martí, quien incide en su «importancia vital para nuestro tejido empresarial». «Hay tramos en muy mal estado, es una autopista del siglo XX», denuncia, apuntando que «debe ser el Ministerio el que invierta en mantenimiento, modernización y ampliación».
Desde la Asociación Empresarial de Transporte de Mercancías (ACTM), su presidente, Carmelo Martínez, asegura que el sector «vive con gran incertidumbre la situación preocupante de la AP-7», que se agrava más en verano. Los transportistas defienden que «no es culpa del transporte pesado, sino de una infraestructura obsoleta que no ha recibido inversiones en décadas para adaptarse al crecimiento actual».
Y advierten: «La alta intensidad de tráfico de esta vía afecta a la competitividad de la industria, la logística y a los desplazamientos de los particulares, encareciendo al final los precios de bienes y servicios para toda la sociedad», apunta Martínez.
«35 tráilers seguidos»
Más allá de las actividades productivas, la AP-7 resulta clave para la actividad turística de la provincia. «Desde el sector somos partidarios de tomar este tema en serio, porque está afectando muy negativamente y además es un problema ya de seguridad ciudadana», opina el vicepresidente de la patronal hotelera Hosbec en Castellón, Javier Gallego. «El otro día llegué a contar 35 tráilers seguidos», ejemplifica. Por ello, aboga por «un buen mantenimiento y un buen control de uso, lo que requiere de dinero público».
Peñíscola es la localidad más turística de la provincia y, para ella, la AP-7 resulta clave: «Durante algunos meses del año es una de las vías principales de decenas de miles de vehículos que entran a la población», señala su alcalde, Andrés Martínez, quien considera que «el proyecto de prolongación de la A-7 desde el aeropuerto de Castellón hasta Cataluña podría ser una vía alternativa que descongestionaría la autopista» y lamenta que el Gobierno central mantenga esta alternativa totalmente paralizada. .
Ahora bien, el rechazo a recuperar un peaje generalizado es claro. «No creo que sea la solución. La solución es la inversión», afirma Martí desde la CEV. «La solución real pasa por invertir, ampliar la capacidad de las vías y gestionar eficientemente la red, en lugar de penalizar a quienes garantizan el abastecimiento y la actividad económica», sentencia Martínez. Solo desde el turismo, sostiene Gallego, abren la puerta a implantar algún sistema de pago por uso, pero siempre «segmentado».
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