Sin las vacaciones de Pedro Sánchez en La Mareta también estaríamos con un gobierno acéfalo. De haberse quedado de retén en La Moncloa tampoco veríamos un presidente de Gobierno en el puente de mando. Para eso están Margarita Robles, en el campo del orden, y Óscar Puente en plan disolvente. La ministra de Defensa -no se sabe si con pleno consentimiento de Sánchez- afirmó in situ la «hiperespañolidad» de Ceuta mientras que el ministro de Transportes lanzaba un tuit para replantear de paso la disyuntiva monarquía-república.
¿Cuál de los dos ha dado más consuelo a las jornadas veraniegas del presidente de Gobierno? Margarita Robles sabe lo que piensa el Ejército, lo que sabe el CNI y lo que podría hacer la Corona para asistir a Ceuta. Puente sabe lo que quiere el presidente, lo que sabe la Moncloa y lo que podría representar poner en circulación el debate república-monarquía para reagrupar lo que todavía colea de la izquierda, de cara a unas elecciones anticipadas. Con ese objetivo, Ceuta es tan solo una piedra en el zapato y no una cuestión de Estado.
La ofensiva de Marruecos en Ceuta ha mermado la ya decreciente reputación diplomática de España en las instituciones europeas. Albares ha sido burlado aparatosamente y el lobi marroquí campa a sus anchas, en un terreno más delimitado que el que necesitan abarcar el lobi chino o el espionaje ruso. ¿Cuándo y cómo Ceuta irá desapareciendo de los titulares? Es de suponer que eso depende más de Rabat que de Madrid, como de costumbre.
Es cierto que Marruecos está en un buen momento en sus relaciones con los Estados Unidos e Israel y no será solo coincidencia que el gobierno de Sánchez haya operado de tal manera que perjudica las de España con esos dos países, aliados naturales por múltiples razones, como por ejemplo que Tel Aviv y Washington pudieron serle útiles a España en sus momentos más críticos con Rabat.
Ahí se conjura una incapacidad flagrante del Ministerio de Exteriores, muy en la línea de lo que marcó el zapaterismo. Como líder del antitrumpismo y del antifascismo, Sánchez ha alcanzado una notable soledad, mientras que en materia migratoria, Meloni se entiende con la socialdemócrata Frederiksen y Ursula von der Leyen ve con disgusto cómo el Gobierno de España contradice los esfuerzos de la Comisión Europea, con la agencia Frontex.
A la larga, el tuit del ministro Óscar Puente quizá no tenga más importancia que echarle un salvavidas al náufrago, pero al final habrá incomodado a todo el sector socialista que anda buscando cómo atajar el desatino sanchista. Con las disensiones internas en el PSOE, que las facciones se vayan perfilando -como es probable- acentuará el desarraigo del presidente de Gobierno. Eso extrema la tensión entre sanchismo y constitucionalismo.
Ceuta es frontera de Europa y ahora, a la vez, franja fronteriza del sanchismo, con arenas movedizas y una formulación muy explícita del descontento con el gobierno de Pedro Sánchez. No hay eclipse que alivie esa tensión permanente mientas Ceuta se sienta invadida. Como contribución a la inestabilidad, los tuits de Puente le echan una mano a Mohamed VI.
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