El cierre de la base de Ryanair en el aeropuerto Rosalía de Castro, en octubre del pasado año, supuso un importante varapalo para la terminal compostelana. La compañía irlandesa retiró los dos aviones que tenía estacionados en Lavacolla y eliminó siete conexiones: Madrid, Barcelona, Málaga, Alicante, Gran Canaria, Palma de Mallorca y Zaragoza. Así, durante el pasado invierno, únicamente operó las rutas de Tenerife-Sur, Valencia, Lanzarote, Londres-Stansted y Sevilla, aunque con una reducción de frecuencias en casi todas ellas.
Una decisión empresarial que tuvo un impacto inmediato sobre la oferta del aeropuerto. De hecho, las rutas que Ryanair decidió eliminar a finales del pasado año habían movido más de medio millón de pasajeros durante 2024. Mientras que solo tres de las conexiones en las que recortó frecuencias —Valencia, Londres-Stansted y Tenerife Sur— habían superado conjuntamente los 433.000 pasajeros.
El cierre de esta base llegó de forma casi consecutiva al afianzamiento de la ruta del AVE hacia Madrid como opción preferencial de los compostelanos para dirigirse a la capital estatal. Un cambio de tendencia que muestran a las claras los datos de tráfico del pasado año. Las 297.717 personas que movieron las rutas entre la terminal compostelana y Barajas, fueron 424.000 menos que las que volaron en esa misma ruta en 2019. En sentido contrario, en el mismo periodo, los pasajeros que llegaron a la estación de Chamartín procedentes de Santiago crecieron un 65%.
El aeropuerto llegó a 2026, por tanto, con una red más reducida, una demanda menor y con un problema añadido: unas obras en la pista que obligaron a suspender completamente la actividad durante más de un mes. Lavacolla permaneció cerrado al tráfico aéreo entre el 23 de abril y el 27 de mayo, un total de 35 días, para acometer la fase más compleja de la regeneración del pavimento. La infraestructura volvió a operar con normalidad el 28 de mayo.
La clausura tuvo un efecto evidente sobre las estadísticas del ejercicio y explica buena parte del balance acumulado este año: entre enero y julio Santiago sumó 1.214.570 pasajeros, un 34,6% menos que en el mismo período del año anterior.
Cambio de tendencia
La tendencia hacia una oferta menguante comenzó a cambiar apenas unos meses antes del inicio de las obras. El 27 de marzo, Vueling abrió por primera vez una conexión regular directa, de dos frecuencias semanales, con el continente africano, a través de Marrakech. Una ruta que estará disponible hasta el próximo 24 de octubre.
Apenas dos meses después, el mismo día en que el Rosalía de Castro reabrió sus puertas, United Airlines estrenó la conexión con Nueva York-Newark, con tres frecuencias semanales. Una ruta de carácter estacional, programada hasta el 21 de septiembre, que se convirtió en la primer conexión transatlántica regular de Galicia y en el primer servicio de una aerolínea estadounidense en la comunidad. Una expansión de rutas inéditas que aumentaría el 1 de junio, con el estreno de la ruta entre Santiago y Cork que Aer Lingus operará hasta el próximo mes de octubre.
Movimientos que, junto al refuerzo estival de las rutas nacionales, dibujaron un cambio de dirección en la oferta del aeródromo compostelano. Una evolución que, con el desembarco de Wizz Air y Fly2Galicia, se reforzará también en la temporada de invierno.
La compañía húngara comenzará a operar en noviembre sus rutas a Madrid, Bilbao y Valencia. Tan solo un mes después, está previsto que establezca su base en el aeropuerto Rosalía de Castro y lance sus primeras rutas internacionales hacia Roma y Varsovia. Además del resto de la operativa a los destinos nacionales restantes: Málaga, Tenerife Norte, Gran Canaria, Fuerteventura y Zaragoza.
A la expansión de WizzAir se sumará la flamante Fly2Galicia, que comenzará su actividad el 1 de diciembre con un Airbus A320 basado en Santiago y ocho rutas que comenzará a operar a lo largo del último mes del año: Alicante, Zaragoza, Granada, Bruselas, Múnich, Milán-Malpensa, Praga y Venecia.
La coincidencia de ambos movimientos supone un cambio sustancial respecto al escenario que dejó el abandono de Ryanair. El aeropuerto que afrontó 2026 con menos rutas y menos frecuencias terminará el año incorporando nuevos operadores, nuevos destinos y una base aérea adicional de cara a 2027.
Una programación prevista para la temporada invernal que permite al aeropuerto afrontar el cierre de 2026 con una perspectiva diferente a con la que encaró el año. Está por ver, eso sí, si la recuperación de la conectividad se traduce en un incremento de pasajeros que cambie el rumbo que la terminal de la capital gallega ha tenido en los últimos años.













