El fin del amor

El otro día estaba tomando un Aperol -he abandonado el cosmo hasta nueva orden o, mejor dicho, hasta que pueda volver a vivir una vida sin hielos en la copa y que no se caliente con este calor asfixiante- con mi amiga M. cuando hablamos de si creíamos que alguna vez habíamos dejado de querer a alguien de golpe. Le dije que yo no. Que el amor, al menos en mi experiencia, no se parece demasiado a una luz que se apaga. Se parece más a esas bombillas que empiezan a parpadear y que durante semanas finges que funcionan perfectamente porque todavía iluminan lo suficiente. Normalmente, haces para que la bombilla siga alumbrándote a pesar de que estás ya completamente a oscuras. La mueves. La enroscas. Vuelves a desenroscar. Tratas de que tras el parpadeo se estabilice, pero a veces ya no hay solución.

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