El fuerte seísmo que azotó Colombia el pasado lunes 10 de agosto cambia muchos planes para aquellas personas que querían irse de viaje al país cafetero. La forma de afrontar la travesía por parte de quienes pensaban volar al país durante los próximos días no será la misma y miles de personas se verán obligadas a realizar cancelaciones, modificaciones de ruta e incluso a tomar medidas de seguridad extras por el temor a las réplicas que se puedan dar. Se trata de una mezcla de sentimientos entre el miedo y la emoción, más contenida que antes, por disfrutar de unas vacaciones preparadas desde hace meses.
Las maletas siguen abiertas y los billetes continúan, de momento, en el correo electrónico. Sin embargo, viajar a Colombia la próxima semana ya no significa exactamente lo mismo que hace unos días. El terremoto, con epicentro en San José del Palmar, ha introducido un elemento imposible de incluir en cualquier planificación: la incertidumbre. Bogotá, Medellín o Cali, algunas de las ciudades más visitadas del país, se encuentran entre las ciudades afectadas por el temblor, especialmente las dos últimas.
Restos del terremoto que asoló Colombia / Redacción
Los vuelos, la gran mayoría de ellos reservados con meses de antelación, la pregunta es única: ¿seguimos adelante? Sin embargo, la respuesta no está tan clara. Muchos serán los valientes que decidan continuar con su aventura a través del Atlántico, pero muchos otros los que abandonen la misión y decidan no embarcar al avión. «Estas últimas horas hemos pensado en cancelar el viaje, pero vamos a ir porque pensamos que será seguro«, relata Aitana Gómez, una chica de València que volará hacia Colombia el próximo martes 18. La posibilidad de cancelar apareció en un primer momento, pero finalmente, tanto ella como su hermana y sus amigas decidieron mantener el viaje.
El miedo fuera del itinerario
La principal preocupación está ahora en aquello que nadie puede asegurar que vaya, o no, a suceder. Según afirma el Servicio Geológico Colombiano (SGC), después de un terremoto de estas características pueden producirse réplicas de intensidad menor durante días, semanas o incluso meses. Un efecto al que se suman las dificultades para predecir los choques entre placas tectónicas. «Hemos intentado asegurarnos de que las zonas a las que vamos no vayan a más, pero no es seguro», explica la valenciana.
El desconocimiento de lo que pueda pasar se transforma rápidamente en miedo e incertidumbre, especialmente entre aquellos que llegan al país poco después de la catástrofe. «Tenemos miedo, no paran de llegar noticias, de alertarnos y decirnos que tengamos cuidado, pero ese miedo siempre está», afirma Aitana, que se enfrentará a la inquietud de si percibirá un seísmo durante su estancia en el país cafetero. Una sensación que contrasta con la ilusión previa al viaje.
Para ella, Colombia no solo es un destino turístico, sino que también se trata de un lugar donde viven amigos o familiares, por lo que las primeras horas pueden ser cruciales. Durante los primeros instantes al terremoto, Aitana y sus acompañantes no sabían del todo bien que es lo que había pasado, pero la incertidumbre seguía presente dentro de ellas. «Quisimos informarnos de que era lo que estaba pasando para saber cómo nos afectaba», añade Aitana, que también recuerda dudar sobre el estado en el que se encontraban los lugares que planeaban visitar y cómo se encontraban sus conocidos.
Redibujando entre la prudencia y la ilusión
El terremoto no solo ha alterado qué opinar del destino o a revisar las rutas. Los problemas registrados en las infraestructuras de transporte, tanto aéreas como terrestres, ha llevado a suspender o alterar varias de las operaciones de llegada o traslado a algunas de las ciudades más afectadas. «Nos estamos asegurando de que todo esté en orden y no nos llevemos ninguna sorpresa, pero somos conscientes de que hay cosas que pueden cambiar en el mismo día«, expresa Gómez.

Personas paseando cerca de los restos del terremoto / JUAN ARREDONDO
Para aquellos que vuelen en las próximas semanas, la situación se traduce en mirar constantemente el correo de la aerolínea y comprobar que las reservas y excursiones seguían en orden. «Aprovecharemos para ver cómo ha afectado el terremoto, pero por ahora no hemos hecho muchos más cambios y no nos han informada de nada nuevo», asegura la joven valenciana, que, por el momento, no ha visto su ruta por la falla geológica. Hay viajeros que han decidido evitar las zonas más castigadas mientras otros conservan el itinerario porque sus destinos se encuentran lejos del epicentro.
Pese al temor, cancelar unas vacaciones de este tipo tampoco resulta una decisión sencilla. Hay vuelos comprados desde hace meses, alojamientos reservados, dinero invertido y, en muchos casos, familiares o amigos esperando al otro lado del Atlántico. Por eso, entre quienes mantienen el viaje se repite una mezcla difícil de separar: prudencia e ilusión. «Seguimos muy ilusionadas, pero ahora vamos con más cabeza que antes«, detalla. El destino sigue siendo el mismo, pero algo ha cambiado. Las vacaciones sobrevivien al terremoto, aunque ahora viajan acompañadas de la pregunta clave: qué pasará cuando estén allí.
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