La impotencia, el miedo y el agotamiento marcan las últimas horas en Bailo, uno de los municipios afectados por el incendio de La Peña que avanza sin control. Mientras los servicios de emergencia trabajan por contener las llamas, los vecinos se han organizado para colaborar con los medios desplegados, proteger sus localidades y tratar de frenar el avance del fuego mediante cortafuegos y labores de vigilancia.
«Se siente mucha impotencia, ves que se te está quemando todo lo que tienes alrededor de tu casa. Iba con mi tío en el coche y decíamos que quien quiera saber lo que es el infierno, que se meta aquí adentro«, explica Javier González, uno de los vecinos que lleva varios días participando en las labores de extinción en su pueblo. La situación está siendo especialmente dura por el cansancio acumulado en los últimos días, relata el de Bailo: «Tres días de fuego y solo diez horas de sueño, con el fuego por todos lados y con todo el mundo alborotado».
Línea de fuego que rodea Bailo tras el avance de las llamas del incendio de La Peña / Servicio Especial
La respuesta de los vecinos ha sido inmediata y multitudinaria, en los alrededores de los pueblos se han movilizado tractores, carros con depósitos de hasta 1.000 listros de agua y herramientas para combatir las llamas. «Los del pueblo estamos trabajando a base de carros con depósitos de agua, más de una treintena de tractores en toda la zona de los alrededores y casi cien hombres aproximadamente, todos voluntarios, trabajando», relata Javier. Pero la solidaridad no se ha limitado únicamente a Bailo, vecinos de todos los pueblos vecinos se han desplazado para colaborar y contribuir en todo lo posible con quienes permanecen trabajando sobre el terreno: «Todo el mundo se ha desplegado para ayudar».
Este vecino recuerda cómo la evolución del incendio ha cambiado por completo la percepción de la amenaza en apenas unas horas. El lunes contemplaba el fuego a lo lejos y parecía encontrarse todavía a mucha distancia, pero al día siguiente la situación había cambiado radicalmente: «Al siguiente día ya estaba en Castelmayor, un monte que está encima de Arbués. Pero es que ayer a las dos de la tarde parecía que estaba controlado y a las seis ya estaba el fuego en Alastuey».
En ese momento, los vecinos tuvieron que organizarse para proteger el núcleo de viviendas de Bailo: «El pueblo no ardió por los voluntarios que estábamos ahí», asegura. Javier recuerda cómo llegaron a reunirse entre 50 y 60 personas para tratar de controlar el avance de las llamas con ayuda de las autoridades. «Si por lo que sea el pueblo se tiene que enfrentar al fuego, se enfrentará, pero lo primero somos nosotros», cuenta el natural de Bailo sobre los instantes previos de organización, siempre de la mano de los servicios de extinción.

Un helicóptero transportando agua a uno de los focos del incendio de La Peña / Servicio Especial
La colaboración de los agricultores y tractoristas está siendo una pieza fundamental para abrir cortafuegos y tratar de impedir que el fuego avance hacia nuevas zonas. Así lo explica un vecino de este mismo municipio, que se está encargando de la coordinación de esta maquinaria: «Los cortafuegos los hacen los labradores, los tractoristas. De todos los pueblos de alrededor han colaborado sin dudarlo ni un segundo, la gente ha acudido con sus tractores y se ha puesto a trabajar en lo que fuese necesario«. El trabajo se está desarrollando prácticamente sin descanso, con labores de labrado y movimiento de la tierra durante el día y la noche de manera incansable para lograr elaborar los cortafuegos antes de que sea tarde.
Según este vecino, que prefiere mantenerse en el anonimato, en Bailo participan de manera fija alrededor de una docena de personas, aunque el número aumenta con la llegada de voluntarios de otros municipios. «Junto a los que estamos aquí fijos vienen los del resto de pueblos con los tractores para poder avanzar y ser más contra el fuego», relata. Además, el incendio también está dejando una fuerte huella emocional entre quienes están viendo que las llamas se acercan a sus pueblos: «Estamos muy mal, viendo que se nos quema el pueblo, sin dormir apenas porque no descansas con miedo a lo que pueda pasar».
A la preocupación de quienes permanecen en la zona se suma la de los vecinos que han tenido que ser desalojados. Muchos se encuentran en Jaca, en pabellones, colegios o viviendas de familiares y conocidos, algunos incluso quieren volver para colaborar aunque el acceso está restringido para evitar aglomeraciones y facilitar las labores de los servicios de emergencia. «Quieren venir a colaborar, pero está desalojado y no se puede, solo dejan pasar a quienes entran con maquinaria. Es mejor proteger y asegurar», cuenta este vecino.

Avance del fuego en el municipio de Bailo afectado por el incendio de La Peña / Servicio Especial
Mientras tanto, quienes permanecen en Bailo continúan trabajando en puntos estratégicos para frenar el avance del fuego. Uno de ellos es el puerto de Santa Bárbara, lugar donde los vecinos están realizando cortafuegos para evitar que las llamas crucen hacia otra zona forestal. «Estamos en el puerto de Santa Bárbara y es importantísimo cortarlo aquí, porque si cruza la carretera se va a otro pinar y nos quedamos sin monte«, cuenta el vecino.
Pese al agotamiento, los vecinos mantienen su compromiso de continuar colaborando mientras sea necesario. Tractores, cortafuegos, depósitos de agua, alimentos y vigilancia se han convertido en las herramientas de una población que se ha volcado para proteger su territorio frente a unas llamas que avanzan sin control.
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