Más allá del interés astronómico que ha despertado el eclipse solar del 12 de agosto, también han vuelto a aparecer preguntas que se repiten cada vez que ocurre un fenómeno de este tipo: ¿puede influir realmente en nuestro estado de ánimo?, ¿afecta al comportamiento de las personas? Para el presidente del Colegio de Psicólogos de Zamora, Diego Manuel Rodríguez, la respuesta exige prudencia. «Hay opiniones muy variadas, pero evidencias científicas hay pocas», resume.
El psicólogo reconoce que, desde hace años, existen teorías que relacionan determinados fenómenos naturales con cambios en la conducta humana, aunque recuerda que no siempre cuentan con el respaldo de estudios concluyentes. En el caso de la luna llena, por ejemplo, persiste la creencia de que aumenta el número de nacimientos, accidentes o episodios violentos.
«Ahora mismo no podemos decir que un eclipse vaya a afectar al estado de ánimo porque no existen datos que lo demuestren«, señala Rodríguez Simón. Para comprobar si realmente existe algún tipo de influencia sería necesario analizar qué sucede durante esos días y comparar posteriormente las cifras de accidentes, agresiones u otros indicadores con periodos similares en los que no se haya producido un eclipse. «Primero tendría que ocurrir el fenómeno y después contrastar los datos. Solo así podríamos sacar alguna conclusión», apunta.
El presidente recuerda que existen otros fenómenos atmosféricos sobre los que sí se han realizado investigaciones. Es el caso, por ejemplo, de las tormentas eléctricas. «Ahí sí hay evidencia científica de que el aparato eléctrico de las tormentas puede afectar negativamente a algunas personas», explica.
También recuerda que alrededor del 21 de junio suelen registrarse aumentos en determinados sucesos como accidentes, agresiones o suicidios, aunque insiste en que se trata de datos estadísticos y que nunca afectan de la misma manera a toda la población. «Como ocurre con el calor, no todas las personas reaccionan igual», precisa.
Más allá de los posibles efectos físicos, el profesional zamorano considera que el eclipse sí puede tener un componente emocional derivado de las expectativas. «Depende mucho de la interpretación que haga cada uno, de lo que nos recuerde o nos evoque», comenta. Acontecimiento excepcional que puede evocarnos emociones diferentes, pero que no significa que el eclipse, por sí mismo, produzca alteraciones psicológicas.
«Habría que tirar de estadísticas y de registros que serían los que nos podrían ilustrar sobre este aspecto porque hay quien defiende que sí y hay quien dice que no hay suficiente evidencia científica», insiste el psicólogo.
A día de hoy, concluye, no existe una posición unánime sobre la influencia de los eclipses en el comportamiento humano por lo que cualquier afirmación en ese sentido debe tomarse con cautela.
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