Hoy, 12 de agosto, además del eclipse suceden otras cosas en el mundo. Por ejemplo, es el día internacional de la Juventud. La semana pasada ya te hablé de cinco mitos falsos sobre los jóvenes españoles que hay que desmentir ya.
Hoy es el día internacional de la Juventud
Bueno, pues hoy te traigo cinco problemas de los jóvenes españoles que hay que solucionar… y rápido. Porque ya está bien de pedirles que hagan cosas, que se comporten de determinada manera y que contribuyan a la sociedad sin corresponderles como se merecen.
Ya está bien de pedirles cosas, sin corresponderles
Problema 1. Precariedad
El primer problema es el de la precariedad. Un concepto “mucho más complejo de lo que pensábamos: incluye también significados que van más allá de las condiciones laborales y que están más relacionados con la incapacidad de garantizar un nivel de vida digno”, explican Lara Maestripieri, Matilde Cittadini, Adriana Offredi y Roger Soler i Martí (IGOP/Universitat Autònoma de Barcelona); Míriam Acebillo-Baqué (INGENIO CSIC-Universitat Politècnica de València); Karen van Hedel (Utrecht University); y Alba Lanau (Universitat Pompeu Fabra), autoras del estudio La sensación de precariedad afecta a la salud mental de los jóvenes, impulsado por el Observatorio Social de la Fundación «la Caixa».
Como explica este grupo de investigadoras, “preguntamos a los encuestados qué significaba para ellos la precariedad y sus respuestas nos sorprendieron: los significados que asocian a la precariedad engloban más cosas que simplemente tener malas condiciones laborales o contratos temporales”.
De hecho, “solo el 28,1% de nuestra muestra define la precariedad como tener un trabajo con ingresos insuficientes o malas condiciones laborales, y tan solo el 1,6% la define como falta de oportunidades laborales. En gran medida los encuestados perciben la precariedad en términos económicos, y la definen como la incapacidad de permitirse una vivienda independiente (9,7%), de satisfacer las necesidades básicas (23,8%) o de vivir una vida digna (4,5%). Otros la describen como vivir por debajo del mínimo (5,3%) o sentir inseguridad tanto en el trabajo como en la vida en general (8,8%)”.
Problema 2. Salud mental
“La salud mental de los jóvenes preocupa cada vez más. Incluso antes de la pandemia de la covid-19, los investigadores consideraban la salud mental juvenil un reto global de la salud pública. La pandemia se limitó a exacerbar esa tendencia previa”, explica la investigación.
El 31% de los jóvenes entrevistados están en riesgo de depresión o ansiedad. Es decir, casi uno de cada tres. Y, por cierto, “la sensación de precariedad –y no el hecho de tener un empleo precario– es el factor explicativo crucial”. Por tanto, estos dos primeros problemas están muy relacionados.
En muchas ocasiones, influyen los factores externos: “Las mujeres están más expuestas a una mala salud mental que los hombres y las personas no binarias. La edad, el hecho de haber emigrado o vivir en una zona rural no son factores significativos para explicar la mala salud mental. También se ha encontrado que los problemas en la salud física o una discapacidad afectan a la salud mental de una persona”.
Problema 3. Inseguridad económica
Una de las entrevistadas, Milagros (34 años), expone el alcance de la falta de seguridad económica: “Ganar un sueldo mileurista con el que casi no puedes ahorrar, ni poder acceder a la compra o alquiler de una vivienda sin ayuda de familiares”.
“De nuestra muestra, el 63,6% de los adultos jóvenes ha vivido como mínimo una dimensión de inseguridad económica en los últimos dos años, y ha tenido que hacer ajustes o pedir ayuda para cubrir sus necesidades”.
Y, como no podía ser de otra manera, tiene consecuencias más profundas: “El 40,6% de los jóvenes entrevistados declararon sufrir problemas de salud –sentirse ansiosos o angustiados, tener dificultades para dormir o sufrir un problema de salud física– debido a dificultades económicas. Los migrantes y las personas no binarias son las más expuestas a este riesgo”.
Problema 4. Malestar emocional
El malestar emocional, aunque podría estar englobado en el conjunto de la salud mental, merece una mención aparte. David Fraguas (Instituto de Psiquiatría y Salud Mental, Hospital Clínico San Carlos, IdISSC, CIBERSAM, UCM, Fundación Manantial); Antonio Perdigón, Octavio Finol, Diana Torres, Vanesa López y Sara Toledano (Fundación Manantial) son los autores de otra investigación auspiciada por el Observatorio Social de la Fundación «la Caixa», y titulada ¿Dónde y cómo buscan ayuda los jóvenes cuando tienen malestar emocional? lo definen como “una experiencia subjetiva de ansiedad, tristeza, inquietud o desencanto”.
A pesar de que, como indican en su investigación, las tasas de suicidio en la población adolescente y adulta joven han aumentado hasta convertirse en una de las principales causas de muerte en este grupo de población, “menos del 35% de los jóvenes con malestar emocional acuden a los servicios sociales, de salud o de salud mental en busca de ayuda”.
Según sus datos, “casi la mitad de los jóvenes (en concreto, el 45,8%) presentaron malestar emocional. En el 6,3% de los jóvenes, el malestar emocional fue grave (equivalente a depresión, con necesidad de intervención clínica)”.
“Los principales factores o circunstancias que los jóvenes relacionaron con el malestar emocional son: a) las preocupaciones cotidianas (el 69% consideraron que las preocupaciones cotidianas son un motivo relevante de malestar emocional); b) los problemas relacionados con el trabajo o los estudios; c) las discusiones»; d) el sentimiento de soledad; e) los problemas económicos; f) la insatisfacción con la imagen personal; g) la muerte de un ser querido, y h) la separación de pareja”, explican.
Problema 5. Aislamiento
Al malestar emocional se une el siguiente problema: el aislamiento. “La respuesta más frecuente de los jóvenes ante el malestar emocional fue «Aislarse»”, explican los autores del estudio. Más de uno de cada tres optaron por esta forma de protegerse.
“Estos datos enfatizan la importancia del aislamiento, por su alta frecuencia y por su impacto negativo en la salud de los jóvenes”, advierten; y recomiendan: “Los planes y programas de intervención en jóvenes con malestar emocional deben incluir intervenciones para disminuir la soledad y el aislamiento”.
En la época de las redes sociales y los filtros de fotografía, “los jóvenes con malestar emocional no recurren a la petición de ayuda como la principal opción para resolver o aliviar dicho malestar. La petición de ayuda implica, al menos en parte, un reconocimiento del malestar, y en ocasiones se vive con vergüenza, como si representara desvelar una falta o un estigma, o regresar a una posición de dependencia y debilidad”.













