Mientras los habitantes de las principales ciudades colombianas sienten la sacudida de los edificios —como ocurrió con el devastador terremoto de magnitud 7,4 registrado este lunes 10 de agosto con epicentro en San José del Palmar, en el departamento de Chocó—, bajo la superficie terrestre se libra una batalla geológica constante. Colombia forma parte del mapa sísmico mundial en tanto que está ubicada justo encima del motor más violento del planeta. El evento telúrico de este lunes, considerado el más potente de la última década en el país y sintiéndose desde el Pacífico hasta el Eje Cafetero y Bogotá, es un recordatorio de que este motor tan violento, conocido como el Cinturón de Fuego del Pacífico, nunca remite.
Pero, ¿por qué esta franja se encuentra en un estado de hiperactividad permanente y cómo repercute directamente en el suelo colombiano? Allí convergen algunas de las placas tectónicas más activas del planeta, convirtiéndola en una zona que concentra el 90% de los terremotos del mundo y alberga el 75% de los volcanes activos e inactivos. Esta megaestructura de 40.000 kilómetros rodea el Pacífico desde el extremo sur de América hasta Asia y Oceanía, atravesando países como Chile, Perú, Ecuador, México, Estados Unidos, Japón e Indonesia, además de la mencionada Colombia.
La caldera del planeta
Para entender el comportamiento del Cinturón de Fuego hay que imaginar la superficie terrestre como un rompecabezas cuyas piezas no encajan de forma estática, sino que flotan y chocan entre sí. El fenómeno clave en esta franja es la subducción.
Por un lado, las placas oceánicas, como la placa de Nazca o la del Pacífico, muy pesadas y densas, se deslizan y se hunden por debajo de las placas continentales, más livianas. A medida que los bloques continentales avanzan unos cuantos centímetros por año, la fricción entre las rocas atasca el movimiento. La presión se acumula durante décadas o siglos hasta que la roca finalmente se fractura, hasta liberar toda esa energía comprimida en segundos en forma de ondas sísmicas, como el potente temblor de 7,4 que ha sacudido las entrañas del Chocó.
La parte de la placa oceánica que se hunde a decenas de kilómetros de profundidad se derrite por el calor del manto terrestre. Ese magma buscando salida da origen a los arcos volcánicos que pueblan la región.
La intersección de tres placas
Colombia ocupa un punto neurálgico en la esquina noroccidental de América del Sur. Geológicamente, el país está sujeto a una especie ‘sándwich’ tectónico de alta complejidad donde interactúan tres grandes placas: la placa de Nazca, la placa Sudamericana y la placa del Caribe. La primera se incrusta por el occidente debajo del territorio nacional a lo largo de la costa del Pacífico, y fue precisamente en este borde de subducción donde se originó la sacudida de este lunes. Además, la placa de Nazca es el principal motor geológico de la gran cordillera de los Andes, ya que eleva la tierra en la parte oeste del continente sudamericano. La segunda soporta la mayor parte de la masa continental del país colombiano y recibe el empuje constante de la Nazca. Por último, la tercera presiona desde el norte, añadiendo deformación y fallamiento en la región caribeña y andina
«Esa interacción hace que la Placa Nazca y la Sudamericana estén colisionando, y la Nazca esté subduciendo por debajo de la Sudamericana, y es a lo largo de esta placa donde se genera el terremoto, a 100 kilómetros de profundidad. Es diferente a los dos terremotos que hemos visto en Venezuela, donde el seísmo se produce por una falla superficial», explica Germán Prieto, profesor asociado del Departamento de Geociencias de la Universidad Nacional de Colombia, para France 24. Por este movimiento de subducción, la «zona de afectación es bastante amplia» y, al ser tan profundo, las ondas sísmicas se propagan con mayor facilidad.
Un efecto dominó
Cada vez que ocurre un gran sismo en la región —como la reciente emergencia ocurrida este lunes—, surge la misma interrogante entre la población: ¿Podría esto desencadenar un gran terremoto en otras fallas del país o países vecinos? Los geólogos y sismólogos son enfáticos: no existe un efecto dominó directo entre fallas distantes. Aunque todas las piezas forman parte del mismo engranaje global, cada sistema de fallas acumula y libera tensión de manera independiente. Un evento telúrico en una región no aumenta ni disminuye de forma directa la probabilidad de un sismo inmediato en otra falla.
Vivir en Colombia implica convivir con la certeza de que la Tierra seguirá moviéndose. Ahora, se abren nuevas incógnitas sobre su impacto en el tejido económico del Eje Cafetero, la subregión geográfica que rodea la Tierra entre el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio. En esta zona se cultiva casi todo el café del mundo porque tiene el clima cálido, húmedo y tropical que la planta del café necesita para crecer bien.
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