Bajar la basura es una de esas tareas domésticas que parecen no tener importancia hasta que afectan al resto de vecinos. En cualquier comunidad, el uso compartido de portales, escaleras, rellanos y ascensores exige un mínimo de cuidado para que todos puedan utilizar esos espacios en condiciones razonables de limpieza, seguridad y convivencia. El problema aparece cuando una conducta cotidiana se repite sin precaución.
Una bolsa que gotea, restos de comida en el suelo, olor a basura dentro del ascensor o manchas en la cabina pueden parecer un descuido puntual. Pero si ocurre de forma habitual, deja de ser una simple molestia y se convierte en un problema comunitario. No solo obliga a reforzar la limpieza, sino que puede generar malos olores, atraer insectos, deteriorar materiales y hacer que el ascensor resulte desagradable o incluso insalubre para el resto de residentes.
Lo que dice la ley
La Ley de Propiedad Horizontal no regula de forma literal cómo debe bajarse la basura ni dice a qué hora puede transportarse por el ascensor. Sin embargo, sí ofrece herramientas para ordenar la convivencia y proteger los elementos comunes. El artículo 6 permite que el conjunto de propietarios fije normas de régimen interior para regular los detalles de convivencia y la adecuada utilización de los servicios y cosas comunes, siempre dentro de los límites de la ley y de los estatutos.
Aplicado a este caso, el ascensor es un elemento común y la comunidad puede aprobar reglas básicas para su uso: no bajar bolsas que goteen, cerrar correctamente los residuos, evitar dejar líquidos en el suelo, limpiar cualquier mancha causada, utilizar bolsas resistentes o respetar los horarios de depósito si los hay. Estas normas buscan impedir que un uso descuidado perjudique al resto. Si se aprueban correctamente como normas internas, obligan también a los propietarios y ocupantes mientras no se modifiquen por el cauce correspondiente.
Cuidado de las instalaciones
Además, el artículo 9 de la Ley de Propiedad Horizontal obliga a cada propietario a respetar las instalaciones generales de la comunidad y los demás elementos comunes, haciendo un uso adecuado de ellos y evitando que se causen daños o desperfectos. Por tanto, si un vecino ensucia el ascensor al bajar la basura, deja líquidos, provoca malos olores o causa deterioros en la cabina, la comunidad puede exigirle que corrija esa conducta y, si hay daños o costes concretos de limpieza extraordinaria, reclamarle la responsabilidad que corresponda.
Actividades prohibidas
Si el problema es reiterado, también puede entrar en juego el artículo 7.2 de la LPH. Este precepto prohíbe a propietarios y ocupantes desarrollar actividades prohibidas en los estatutos, dañosas para la finca o que contravengan las disposiciones generales sobre actividades molestas, insalubres, nocivas, peligrosas o ilícitas. No cualquier bolsa mal cerrada justifica una reclamación formal, pero sí puede hacerlo una conducta repetida: bajar residuos que gotean a diario, dejar restos orgánicos, no limpiar lo ensuciado o generar olores persistentes en una zona común cerrada como el ascensor.
Qué hacer
El primer paso debería ser sencillo: avisar al vecino, si se sabe quién es, o comunicarlo al presidente o al administrador de la comunidad. Muchas veces basta con colocar un recordatorio en el portal o en el ascensor para pedir que las bolsas se bajen bien cerradas y sin líquidos. Si continúa, conviene documentar el problema con fotografías, fechas, horas y avisos previos. Después, el presidente puede requerir formalmente al vecino para que cese esa conducta. Si aun así persiste y la comunidad lo considera una actividad molesta o insalubre, podría plantearse una acción de cesación, que requiere normalmente requerimiento previo y acuerdo de la junta.
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