¿Dónde está el error de Virgili?

Nunca recomendaré a nadie poner el nombre de un futbolista en la camiseta que se compre. Da igual quién sea, cuántos goles haya metido o lo importante que parezca. Al final, el futbolista de élite es un trabajador como otro cualquiera –privilegiado y millonario, eso sí– que mañana come de una mano y al día siguiente de otra.

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