Finalmente, pudo verse la foto esperada. Los representantes del Gobierno provisional venezolano y el sector de la oposición que reivindica la vigencia de la legislatura electa en 2015 decidieron posar para las cámaras en medio de la enseña nacional y con el compromiso de mantenerse en «sesión permanente» hasta el próximo 12 de agosto. Jorge Rodríguez, actual autoridad parlamentaria, y Dinorah Figuera, quien reivindica el mismo cargo desde el exilio, conversaron lejos de la prensa en el centro de convenciones del Parque Simón Bolívar de Caracas. La imagen de ambos no dejó de ser extraña teniendo en cuenta que invocan el ejercicio de la misma presidencia de la Asamblea Nacional (AN). Esa es una de las paradojas del diálogo puesto en marcha bajo la atenta observancia de Estados Unidos. Figuera no representa al sector mayoritario de la oposición pero hasta el 3 de enero, cuando fue «secuestrado» Nicolás Maduro, era receptora de las palabras más agresivas en boca del mismo Rodríguez que, desde el primer encuentro, semanas atrás, comenzó a comportarse con una desconocida amabilidad hacia ciertos viejos adversarios. Según Rodríguez, el hermano de la «presidenta encargada», Delcy Rodríguez, entre los «logros» del encuentro de este jueves cabe mencionar que «las partes» coinciden en continuar el diálogo sobre la base de una serie de principios consensuados: «respeto a la soberanía nacional», «negociación de buena fe y búsqueda de beneficios para Venezuela», «solución política, pacífica, democrática y constitucional», «reconocimiento y respeto recíproco entre las partes», «trato paritario en la mesa», «cumplimento verificable de los compromisos» y «protección de los derechos humanos y de los derechos políticos de todas las fuerzas».
El partido opositor Voluntad Popular (VP), liderado por Leopoldo López, exiliado en España, forma parte de la comitiva encabezada por Figuera y, como tal celebró la instalación formal de la mesa de diálogo. «El objetivo de este mecanismo es volver a institucionalizar nuestro país y convocar a unas elecciones libres, en las que podamos recuperar la democracia en Venezuela».
La posición de EEUU
El último intento de alcanzar una salida pactada del conflicto interno tuvo lugar en 2024 y fracasó cuando el madurismo sacó de la competencia electoral a María Corina Machado, ganadora de las primarias opositoras, y luego proclamó la reelección del presidente sin presentar las actas correspondientes. Un año y cinco meses después, Venezuela se convirtió en otro país, y eso fue recordado por la embajada de EEUU en Caracas mientras las partes dialogaban. «Estas conversaciones directas representan una oportunidad única. Aplaudimos los esfuerzos por atender las necesidades urgentes de los afectados por los terremotos del 24 de junio, ampliar las libertades políticas y promover un futuro más estable y próspero para el pueblo venezolano».
Machado y la Plataforma de Unidad Democrática (PUD), que hasta antes del 3 de enero intentaban constituirse en el principal polo opositor, son por ahora espectadores de este nuevo proceso. Juan Pablo Guanipa, ex preso político y dirigente cercano a Machado, habló en su nombre este jueves. «Venezuela está expectante», dijo sobre la apertura de las conversaciones. «Esperamos que se logre cuanto antes la liberación de todos los presos políticos, nuevos poderes públicos y un cronograma electoral que incluya la elección presidencial». Guanipa insistió en que este esfuerzo debe conducir hacia una «transición democrática» y que para ello hay que «respetar» los resultados electorales del 28 de julio de 2024 que, según la oposición, favorecieron a Edmundo González Urrutia. Esta exigencia es la que, según analistas, ha sacado a Machado del centro de las prioridades de Washington.
Grandes desafíos
Rodríguez y Dinorah no pudieron soslayar la desgracia que se cierne sobre el país después del desastre del 24 de junio que provocó más de 6000 muertos y enormes daños en el casco urbano de La Guaira y parte de Caracas, además de los destrozos de infraestructura.
A los reclamos en las calles de venezolanos que se quedaron sin nada se han sumado las manifestaciones de descontento por las fallas eléctricas en los estados Aragua, Carabobo, Monagas, Lara, Portuguesa, Cojedes y Bolívar. Los fuertes cacerolazos, la quema de neumáticos y cierres de vías principales en rechazo a los apagones, recordaron que la transición está plagada de numerosos desafíos que no se juegan en el futuro sino en el frágil presente. EEUU es el principal interesado en participar de la modernización del sistema eléctrico del país sudamericano, al igual que el petróleo y la minería.
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