La expectación era máxima en el Centro Acuático de París para acoger la última de las competiciones en las que España estaba llamada a subir al podio y romper las reglas: el equipo acrobático. «Tenemos el ejercicio más difícil que se ha hecho nunca», advertía semanas atrás Andrea Fuentes en una entrevista a El Periódico. Su coreografía acrobática con la música de ‘Berghain’ de Rosalía ya enamoró al mundo en la Copa del Mundo de Pontevedra donde se estrenó el pasado mes de mayo y ha vuelto a hacerlo este miércoles en el Campeonato Europeo de Natación de París consiguiendo la impresión artística más alta de la historia. Sin embargo, eso no ha sido suficiente para adelantar a la bestia negra de las españolas en esta competición: Rusia.
Para esta rutina, Sara Saldaña, Paula Ramírez, Iris Tió, Dennis González, Lilou Lluís, Cris Arámbula, Txell Ferré y Marina García presentaban la segunda dificultad más alta de la final tras Rusia, que sumaba hasta siete puntos más, por lo que la impresión artística iba a ser crucial a la hora de definir el resultado. Las españolas, que ejecutaron la acrobacia más difícil jamás hecha en la que la nadadora Lilou Lluís era lanzada por sus compañeras y debía aterrizar con la cabeza en la mano de Dennis González. Con todo ello, la delegación nacional vio un total de 242.2428 puntos y un total de nueve dieces alcanzando la histórica cifra de 100,2 puntos de impresión artística, la máxima otorgada jamás, y a pesar de que las nadadoras de Andrea Fuentes recortaron distancias, terminaron quedándose a 2.5 puntos de Rusia, que consiguió el oro.
Un momento de la coreografía del equipo español en París. / DIMITAR DILKOFF / AFP
Poco antes de la actuación de España, Rusia, todavía bajo la denominación de equipo neutral B, ejecutó su rutina en segundo lugar y desde muy pronto definió el que iba a ser el listón a batir de la competición. Su ‘Muñecas del caos’ vio cuatro dieces en su estreno en la Copa del Mundo de China, y en París no dejó a nadie indiferente. Rusia siempre ha tenido un gran potencial en las acrobacias y en esta rutina lo demostraron con una ejecución increíble y una altura bárbara en sus saltos que les valieron 244.8221 puntos con un total de siete dieces de los jueces (seis en los elementos, y uno en la impresión artística), casi 20 puntos más que el resultado que obtuvieron en la Copa del Mundo de China. Tras ellas, las italianas consiguieron cerrar el podio con su rutina sobre Chicago que les valió a las nadadoras de Anna Voloshyna su tercer bronce con 219.2545 puntos.
Declaración de intenciones
Más allá de esta actuación, detrás de ‘Berghain’ también había una declaración de intenciones. España no solo pretendía ganar, sino desafiar la evolución que estaba siguiendo la natación artística mundial. El equipo se encerró durante meses en el CAR de Sant Cugat para replantear todos los elementos del deporte en un proceso que Fuentes definió como un trabajo de «investigación y desarrollo». Esa mezcla dio forma a una rutina que desde su estreno en Pontevedra fue considerada una de las propuestas más innovadoras del nuevo ciclo olímpico. «Nos alineamos mucho con querer llegar más allá, con querer cambiar las reglas del juego. Nuestra finalidad como equipo es ampliar las posibilidades de este deporte más allá de lo que se haya podido plantear nunca», explicaba la seleccionadora.

Un momento de la coreografía del equipo español en París. / DIMITAR DILKOFF / AFP
‘Berghain’ se convirtió en la banda sonora de un ejercicio rompedor, innovador y completamente fuera de lo establecido con el que pretendían desafiar todas las reglas. Pero detrás de esa espectacularidad había meses de preparación fuera del agua. La selección incorporó métodos poco habituales en la natación artística. Víctor Cano, dos veces olímpico en gimnasia artística, asumió el trabajo específico de las acrobacias y de la orientación aérea de las ‘voladoras’, mientras que el equipo comenzó a realizar tres sesiones semanales de CrossFit para reforzar la potencia de las nadadoras que impulsan las estructuras. El cuerpo técnico también introdujo clases de ballet con el objetivo de mejorar la extensión de las piernas, el control corporal y la calidad de los movimientos. «Todo está estratégicamente pensado», explicaba Iris Tió recientemente.
España pone así el broche a un Campeonato de Europa que fue de menos a más. Tras el duro inicio marcado por el ‘basemark’ del dúo técnico, la delegación española terminó consolidándose como una de las grandes potencias del continente en el que el medallero confirmó el nivel competitivo del equipo con ocho metales (un oro, cinco platas y dos bronces).
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