Laura Cruz Vega era una mujer con mucho carácter, pero «alegre, afable y educada, siempre muy dispuesta y colaboradora. Buena persona. Era muy, muy, muy querida». Así recuerdan quienes conocieron a esta guardia civil de 50 años, asesinada a tiros este miércoles en la Comandancia de Llanes por su exmarido, también agente del Instituto Armado.
Nacida en Madrid, llevaba muchos años en Llanes y tenía tres hijos adolescentes, un joven de 18 años y dos gemelas de 13. Aseguraba que había encontrado en Llanes su lugar en el mundo: estaba feliz con sus tres hijos y se había integrado desde el primer momento en el concejo.
Presidenta de la AMPA del Peña Tú
Entrenaba a los equipos infantiles de rugby, impartía las extraescolares de baloncesto del colegio público Peña Tú de la capital llanisca y presidía el club local de esta última disciplina, al que había conseguido sacar adelante. Lideró también la Asociación de Madres y Padres de Alumnos del centro llanisco hasta que sus hijas pasaron al instituto.
Tuvo durante años protección con orden de alejamiento impuesta a su expareja, destinado a Zamora por esta causa. Pero esa orden finalizó el pasado mes de diciembre. Hasta entonces, en algunas ocasiones, decía de repente que se tenía que ir porque la pulsera le indicaba que su exmarido se estaba acercando, rememora un conocido. Ella hablaba «con naturalidad» de los problemas que había sufrido y seguía sufriendo. Tras su divorcio, había conseguido rehacer su vida. Por eso, seguramente, tenía especial sensibilidad con los casos de violencia machista, que atendía con gran profesionalidad e implicación desde su puesto.
«Era superalegre»
«Siempre saludaba con una sonrisa; era superalegre, le gustaba salir a tomar algo con los amigos y hacer deporte. Era la alegría de la huerta. Siempre celebraba los cumpleaños», señala una persona que la conoció bien. «Tuvo juicios con su expareja. Se volvió a casar. La mató por ser feliz y hacer su vida«, comenta, con una mezcla de pena y rabia, un conocido, que califica de «terrible» lo ocurrido.
Ella era la que solía hablar con la gente cuando había problemas. Era muy empática, tenía don de gentes y sabía qué decir en cada momento para dar ánimo a quien lo estaba pasando mal. Víctor Fominaya, vecino de Llanes, lo ejemplificó con su vivencia. Hace años, cuando era pequeño, su hermano se quitó la vida y Laura Cruz «estuvo allí, apoyándonos a todos». «En momentos muy difíciles para la familia, fue la que estuvo conmigo, con mi madre… Lo ocurrido es un golpe, estoy afectado», señalaba tras enterarse de lo ocurrido.
«Se involucraba en todo»
«Era muy buena mujer, alegre, sin ningún tipo de maldad, noble y muy amiga de sus amigos«, comenta un vecino de Llanes cuya hija es compañera de equipo de una de las gemelas de Laura Cruz. Una de las hijas de la fallecida practica voleibol y la otra rugby.
A Laura le gustaba mucho participar en todo tipo de eventos sociales y deportivos. Era muy activa. Solía reunirse con otros padres y madres a ver los partidos de rugby en una cafetería de Llanes. Y participaba siempre que podía en los viajes de grupo que se organizan para ver a las niñas jugar.
«Se involucraba en todo«; por ejemplo, en la caminata gastronómica que organiza el equipo de rugby o en la jornada anual de esa misma disciplina deportiva. La última se celebró el pasado mes de junio.
«Hubo que hacer 300 bocadillos y allí estuvo la primera, como siempre. No fallaba nunca«, añade un padre que compartió con ella multitud de partidos, encuentros y viajes en los últimos ocho años.
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