Alejandro Toledo, más conocido como «El Cholo», fue enemigo acérrimo de Alberto Fujimori. Su liderazgo en el 2000 fue crucial para que el ex autócrata abandonara el país. Toledo fue el primer presidente electo de la transición peruana. Prometió una reparación ética y social. Cumple desde 2024 una condena de 20 años y seis meses de prisión por los delitos de colusión agravada y lavado de activos. Se trata del mismo penal de Barbadillo donde había sido encerrado Fujimori y donde se encuentran también los expresidentes Martín Vizcarra y Pedro Castillo. La salud de Toledo se ha agravado y acaba de pedir la clemencia de Keiko Fujimori para poder morir en su casa.
«Esto se va a evaluar con dos tipos de análisis: un carácter técnico y médico y también con una mirada humanitaria. Se tiene que establecer a los miembros de la Comisión de Indultos y Gracias Presidenciales. Estas personas empezarán cuando asuman sus funciones para hacer el análisis correspondiente», dijo la flamante mandataria en la noche del lunes.
Pocas horas antes, «El Cholo» había hecho pública su solicitud durante una entrevista periodística. «Le pido a la señora Keiko Fujimori, que recibió un mensaje mío cuando murió su papá, que por favor acelere el proceso de mi pedido de gracia presidencial, porque no quiero morir aquí en la cárcel».
El economista dijo estar viviendo además momentos «extremadamente difíciles» tras la muerte de su suegra Eva Fernenbug, antes de cumplir los 100 años. La situación legal que afronta le impide, al igual que su esposa Eliane Karp, ocuparse de la inhumación. «La quieren incinerar y nosotros no queremos. Yo quiero ir a visitarla, aunque sea en su tumba. Ese es el enorme drama que tenemos, no tenemos a nadie quien la pueda enterrar». Karp, añadió, «es la única hija e injustamente la están persiguiendo y han puesto una luz roja en Interpol. Entonces, no puede salir de Israel».
La palabra de Karp
La esposa del expresidente dijo por su parte que Toledo padece cuadros de «estrés» y «ansiedad» que ameritan el arresto domiciliario que se establece para los mayores de 80 años por razones humanitarias. «He sabido que se ha caído, tiene un pequeño patio para caminar y respirar aire fresco y se ha caído; no sabemos si se ha torcido o roto el tobillo. Un cuarto de siglo atrás, Karp era la otra cara de esa moneda emergente llamada Toledo, y eso le permitía ser también crítica y mordaz al hablar de la autocracia. Los tiempos han cambiado de manera inimaginable en relación con el 28 de julio de 2001, cuando el candidato de Perú Posible llegó al Palacio Pizarro con la promesa de renovarle la cara a la política. «Soy el primer indígena que ha sido elegido presidente en 500 años en Sudamérica», dijo y se mostró como el garante de un punto de corte respecto del pasado. «Es posible gobernar sin corrupción y con transparencia».
Veinticinco años más tarde, Karp se ha sumado desde Israel a la petición de su esposo. «Que Keiko Fujimori, ahora presidenta del Perú, nos reconcilie, que admita que la reconciliación es mucho más valiosa que el odio y que le dé su indulto a mi esposo, lo cual no dice que mi esposo no va a seguir defendiéndose, pero no encerrado como un animal allí». La ex Primera Dama no se olvidó de los días que «El Cholo» y «El Chino» compartían una misma cárcel. «Por favor, con todo mi alma y mi corazón, recuerde lo que ha pasado con su papá y con ella, que ha estado en la cárcel también. Que le dé a mi esposo un indulto humanitario por todo lo que ha sufrido injustamente por el Poder Judicial, que restablezca un Poder Judicial decente, valioso, profesional».
Ernesto Blume, el abogado de Toledo informó este lunes que a partir de la solicitud de su cliente insistirá ante el Poder Judicial para que permita acceder al beneficio de la pena domiciliaria.
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