Lo que nunca debería negociarse

La política democrática se construye sobre una idea tan sencilla y exigente como la de alcanzar acuerdos para mejorar la vida de la ciudadanía. Pactar no constituye un fracaso, sino una de las mayores expresiones de la democracia. De hecho, la pluralidad política obliga a dialogar, negociar y buscar puntos de encuentro que permitan integrar sensibilidades diferentes en beneficio del interés general. El problema no aparece cuando se pacta, sino cuando el precio del acuerdo termina siendo la renuncia a principios que hasta ayer se consideraban irrenunciables.

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