“Ceuta no ha logrado la normalidad”. “Todavía en Ceuta hay varios miles de personas que deben ser retornadas”. Son palabras de Juan Jesús Vivas ante el presidente del Partido Popular – se ha desplazado unos días- para que se hiciera una idea del clima en la ciudad autónoma tras esta última crisis migratoria.
Precisamente, según las autoridades con las que ha hablado EL PERIÓDICO – cabecera de Prensa Ibérica- ahí es donde ponen el foco ahora una vez que los que han querido “voluntariamente” regresar a Marruecos lo han hecho. Pero aun, según estimaciones de las autoridades ceutíes, hay “unos 5.000” que siguen vagando por distintos enclaves de la ciudad.
Confían en que la presencia policial y militar, sumado al hambre, el cansancio y el rechazo en parte de la ciudadanía ceutí, termine por calar en esos migrantes y los anime a regresar a Marruecos. Pero eso, insisten, solo puede pasar con los que tienen raíces, familias, en el país vecino. “¿Y qué pasa con los otros?”, se preguntaban con resignación, aludiendo a aquellos que han cruzado también la frontera de El Tarajal y provenían de otros países africanos.
Esas personas originarias en su mayoría de países subsaharianos son los que se han congregado en las inmediaciones del CETI de Ceuta que, desbordado, no acoge a más migrantes. De esta forma, tanto el monte como la playa próxima al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes concentra a centenares de personas sin rumbo. Todos ellos custodiados por agentes de la Policía Nacional, más aun tras el incidente en la noche del viernes al sábado cuando decenas de ellos intentaron acceder a la fuerza al recinto.
El presidente de Ceuta, como hizo ante Pedro Sánchez el viernes cuando estuvo en la ciudad, subrayó la necesidad de “poner cuantos medios sean eficaces para lograr que ese retorno de todos los que entraron aquí de manera irregular en estos días se culmine”. Y lograr que llegue la “seguridad y tranquilidad” que, aseguran, se conseguirá una vez que no haya migrantes – en esta ocasión también había bastantes chicas- vagando por la ciudad.
Una sensación que poco a poco va recuperando la ciudad gracias a la apertura de los comercios y la vida en la calle. Sin embargo, sigue la estampa de militares custodiando supermercados y cercando partes de la ciudad -especialmente de la zona céntrica- para evitar que se asiente allí cualquier persona que parezca uno de los migrantes que han accedido de manera irregular. Precisamente, esa actuación ha provocado algún que otro desencuentro entre militares -o policías- con personas ceutíes musulmanes que han tenido que mostrar su documentación.
Las calles vuelven a bullir de gente que acude al mercado o se sienta en una terraza a tomar algo. Incluso ya hay ceutíes, y algún que otro turista, que combate el calor en la playa de Ribera o en el Chorrillo, donde hay restos de lo ocurrido estos días -zapatos y flotadores- y también algunos de los migrantes que siguen por la ciudad.
Pero las conversaciones viran entorno al momento vivido “y que nada tiene que ver con lo que pasó en mayo de 2021”. Esa diferencia de los momentos es algo que tienen muy claro en la ciudad, igual que la sensación de que están “en manos del sátrapa de Marruecos” que “juega” con la vida de las personas, en referencia al rey alauí. Una argumentación que contrasta con la afirmación del ministro del Interior poniendo en valor la relación con el país vecino, al que definió como un “socio auténticamente fiable”.
No entienden en la calle, ni tampoco Alberto Núñez Feijóo, cómo “nadie se percató” – dicen con ironía algunos ciudadanos- en Marruecos de que se concentraban en Castillejos, la ciudad al otro lado de la frontera, miles de personas con intención de entrar a Ceuta. “Muchos venían, incluso andando, de otras ciudades marroquíes como Tetuán”.
En este sentido, Feijóo reclamó “saber por qué no actuó el Gobierno», ya que, sostuvo, es «imposible» que el Ejecutivo no tuviera constancia de esta entrada masiva. «Se conocía esta amenaza”. Sin embargo, el ministro del Interior fue tajante: “No, no hay ningún informe al respecto de la situación acontecida”.
Es más, en el Ejecutivo admitían que de repente el jueves “la situación cambió” y lo que era un repunte de la entrada a nado por Ceuta se convirtió en una “invasión” -como lo define Vivas- donde más de 60.000 personas en una ciudad que tiene una población de 80.000 habitantes. Pero «en 24 horas» se revirtió la situación, como reivindicó el ministro Marlaska este sábado antes de abandonar la ciudad para regresar a Madrid y después de tachar de «egoísta, insolidaria y poco responsable» de algunos países, como el caso de Italia.
«Esta crisis la hemos revertido solos en colaboración de Marruecos», llegó a subrayar el titular de Interior, otra afirmación más que contrasta con la percepción ciudadana que lamenta la tardanza en el despliegue policial y militar y la dejadez de Marruecos en el puesto fronterizo.
Una frontera -que ya cuenta con una barrera neumática de 500 metros de longitud- que ya recupera también la normalidad aunque sigue custodiada por el Ejército, pendiente de las continuas salidas de personas que dejan la ciudad por el hueco habilitado fuera de los controles en colaboración con la Guardia Civil y la Cruz Roja, que no descansa en la atención a las personas, especialmente por cortes, heridas o síntomas derivados del cansancio y la falta de alimento.
Pero también son personas cargadas de desesperación y de ahí que se hayan reforzado además los controles para el cruce en el ferry de los camiones de los feriantes que cruzaron a Ceuta y que se vuelven una vez que la feria quedó cancelada por esta crisis migratoria que, especialmente, se ha cobrado la vida de más de cien personas.
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