Los primeros amistosos de la pretemporada están dejando entrever las líneas maestras del CD Castellón 2026/27. La segunda temporada de Pablo Hernández, la primera con el técnico castellonense al mando desde el inicio del verano, asoma como un múltiple examen: el reto de manejar las altas expectativas tras el temporadón del curso pasado, el desafío de compensar las pérdidas de los altamente productivos Cipenga y Álex Calatrava y, sobre todo, la capacidad para evolucionar al equipo, sin perder ni el equilibrio ni la filosofía atacante, y seguir dañando a los rivales.
Estas son algunas de las claves del nuevo Castellón, aún en construcción con el mercado abierto y a punto de entrar en el mes de agosto.
La portería y la defensa
La salida de Amir Abedzadeh se compensa con la promoción interna de Sergi Torner y la contratación de Amir Saipi. Los movimientos han generado una competencia real para Romain Matthys, indiscutible para Pablo el curso pasado. La compenetración del portero con la defensa es uno de los pilares del juego orellut, que exige al guardameta mucho más que simples (o complejas) paradas. En ese sentido, el Castellón va a seguir asumiendo ese riesgo e involucrando al portero en la creación del juego, como se está viendo en los primeros amistosos veraniegos.
La zaga ha sufrido modificaciones. No muchas, pero sustanciales, sobre todo tras la lesión de larga duración de Fabrizio Brignani. La línea y el dibujo están siendo más flexibles si cabe. La conocida querencia de Pablo por transformar el andamiaje del equipo, alternando línea de cuatro con defensa de tres en función del rival, del balón y del momento del partido, es todavía más palpable en esta pretemporada.
Esa estructura líquida se beneficia de formar con un segundo central más ligero (laterales formativos como Mellot o José Albert, en cada costado), que acompañan bien a Alberto o bien a Sienra. A su vez, en uno de los laterales parte de inicio un jugador con alma de extremo (estamos viendo a Pablo Santiago, que ya finalizó ahí la pasada temporada, a Tincho o incluso a Rego), compensando por el otro costado con un lateral profundo, pero más académico (Lucas Alcázar, Juanjo Nieto).
La medular y el enganche
Esos contrapesos en la balanza, con perfiles complementarios, son del gusto del cuerpo técnico y se aprecian también en el centro del campo. Pablo está mezclando un futbolista más posicional (Vlak o Barri, principalmente) con otro centrocampista más creativo (Álvaro Martín, Fran Castillo) o dinámico (Doué). Por las bandas, algo similar: a menudo en un costado busca profundidad a pierna natural (Raúl Sánchez e Iñigo Córdoba, a la espera del mundialista Mabil) y en el otro propicia la ocupación de zonas interiores a pie cambiado (Bellari, Douglas).
En la mediapunta también se observa el perfil de jugadores que suele fichar el Castellón desde que llegó Haralabos Voulgaris a la presidencia, más allá de los matices: con buen pie y con talento. Esa zona determinante del campo albergó la llamativa irrupción de Antonio Gala, que causó un impacto inmediato contra el Girona. En él se ve lo que da y lo que pide Pablo al enganche: libertad para encontrar el espacio y personalidad para girarse y jugar hacia adelante siempre que se pueda. Es lo que hizo Gala, lo que viene haciendo Suero y lo que está demostrando que sabe hacer Jakobsen, que está prolongando su bien final de curso y ha dejado atrás sus tiempos de delantero centro.
El ataque
En la punta del ataque, precisamente, se atisba la posibilidad de un nuevo movimiento en el mercado. De momento, la única novedad es la potencia de David Nzanza, apuesta de futuro y de bajo riesgo. El ‘9’ lo mantiene el verso libre de Ousmane Camara, con Álvaro García aferrándose a la plantilla a base de olfato. Los siete tantos marcados en los tres primeros amistosos (con dobletes de Raúl Sánchez y Álvaro García y goles del canterano Miguelón, Jakobsen y Juanjo Nieto) siguen recordando que el gol es cosa de todos en el equipo albinegro.
Fuente: El Periódico de Mediterráneo














