Un equipo de investigación de la Academia China de Ciencias creó con éxito láminas de tela flexibles utilizando el micelio filiforme del hongo Cordyceps militaris, comúnmente conocido como hongo oruga. Mientras los esfuerzos anteriores a menudo han fracasado porque el proceso de fabricación mataba las células, en este estudio los autores adoptaron un enfoque diferente al mantener vivo el hongo.
La próxima gran revolución textil podría partir desde un organismo vivo: un hongo. Un equipo de investigación ha desarrollado un material flexible a partir del micelio de Cordyceps militaris, una base biológica que mantiene sus células activas y que abre la puerta a prendas capaces de cambiar de color, repararse en forma independiente y responder al entorno.
Hongos vivos en tu ropa
El trabajo, que se resume en un nuevo estudio publicado en la revista Science Advances, plantea una alternativa radical a la moda convencional: tejidos vivos con funciones programables, de acuerdo a un artículo publicado en la revista Phys.org.
La clave de este avance está en el proceso de fabricación. A diferencia de intentos anteriores con materiales fúngicos, que solían matar las células y dar lugar a productos frágiles, en este caso los investigadores chinos optaron por conservar la viabilidad del hongo.
El material puede incorporar múltiples tonalidades
Primero cultivaron el micelio en un caldo nutritivo hasta formar pequeños agregados, luego los moldearon en láminas y añadieron glicerol para hacerlas más flexibles. El resultado fue un producto textil biológico que seguía metabólicamente activo tras el secado.
Esa condición de “tejido vivo” permite que el material pueda adquirir distintos colores, mediante la incorporación de levaduras modificadas para producir pigmentos.
Una prenda larga que incorpora componentes textiles fúngicos producida utilizando la plataforma fúngica programable desarrollada en este estudio. / Crédito: Ke Li et al.
Funciones que se programan y autorreparación
También puede ganar protección ultravioleta si se añade otro hongo rico en melanina sobre su superficie. En consecuencia, la funcionalidad no se limita a la estructura: se programa en el propio organismo.
Los investigadores fueron más allá y crearon un prototipo de vestido autorreparable. Cuando el tejido se rasga, bastan unas gotas de agua y una pequeña aportación de pellets fúngicos frescos para que las células vuelvan a crecer sobre la abertura.
Referencia
A programmable fungal platform for engineered living textiles. Ke Li et al. Science Advances (2026). DOI:https://doi.org/10.1126/sciadv.aed6937
Versatilidad y sostenibilidad
Además, al depositar nutrientes en zonas concretas, el hongo desarrolla nuevas capas de fibras solo donde se desea, lo que permite dibujar formas y patrones, que van desde hojas hasta logotipos.
La sostenibilidad es otro de los grandes beneficios de esta innovación. Una pequeña caja fabricada con este material y enterrada en tierra se degradó casi por completo en 41 días, un comportamiento que encaja con la idea de prendas de vida corta o uso puntual.
Los autores reconocen, sin embargo, que todavía se trata de una demostración preliminar: no han evaluado cómo se comporta en el día a día, ni su comodidad, transpirabilidad o resistencia al lavado.















