Los incendios no son algo nuevo para España pero, según explica Miguel Ángel Soto, especialista de Greenpeace en gestión forestal, lo que sí es nuevo es la «escalada progresiva en la intensidad, la frecuencia y la virulencia de los grandes fuegos forestales». «Que surja un incendio no es algo inédito, pero sí lo es la confluencia de factores que hacen que los incendios sean cada vez más difíciles de controlar», comenta el experto en una entrevista con EL PERIÓDICO en la que explica cómo el cambio climático, la transformación del paisaje rural y la «ignición humana» está alimentando esta temporada tan devastadora de incendios en España. La causa, explica, está clara. Y la solución también. «Necesitamos un cambio profundo en la forma de abordar la gestión forestal. Los incendios se apagan con prevención y presupuesto», afirma con convicción Soto quien, además, denuncia que «la polarización del debate está impidiendo abordar el problema con el rigor necesario».
«Necesitamos un cambio profundo en la forma de abordar la gestión forestal. Los incendios se apagan con prevención y presupuesto»
El experto afirma que la historia de estos incendios «ya estaba escrita». «Empezando porque los científicos llevan años advirtiendo de que un planeta más cálido iba a dar lugar a un aumento de fenómenos extremos como las olas de calor y los incendios forestales en gran parte de Europa y, en concreto, en España», argumenta Soto. La razón es sencilla. Sabemos que el cambio del régimen climático provoca que la vegetación sufra un mayor estrés hídrico, esté más seca y se vuelva mucho más inflamable. Y es por eso que, al brotar un incendio, el fuego adquiere dimensiones hasta ahora nunca vistas. El calentamiento ambiental, además, también complica cada vez más las labores de extinción. «Combatir incendios forestales a 40 grados no es igual que combatirlos a 25», comenta el especialista en referencia a que, según advierte la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), en tan solo unos días todo el país volverá a estar bajo otra ola de calor.
El cambio climático, la transformación del paisaje rural y la ‘ignición humana’ son las causas principales de la devastadora temporada de incendios, según el especialista
El cambio climático juega un factor clave en este problema pero, tal como reivindica Soto, no es el único. Según afirma este especialista, la transformación del paisaje rural español, el éxodo de la población hacia las grandes ciudades y el abandono de estos entornos ha dejado a gran parte del territorio en una situación especialmente complicada, «con un paisaje mucho más inflamable y con menor presencia humana«. Si a esto se le suma que, muchas veces, los fuegos se inician también por actividad humana tenemos el cóctel perfecto. «Muchos de los grandes fuegos que hemos visto en los últimos años se han iniciado por negligencias como realizar trabajos con soldadura por utilizar maquinaria pesada en jornadas de calor extremo en las que está prohibido llevar a babo estas actividades», afirma.
Políticas de gestión forestal
La suma de estos tres factores es lo que, en palabras de Soto, ha contribuido a la explosión de los llamados megaincendios en España. «Este fenómeno nos obliga a repensar nuestra relación con el fuego», sostiene el especialista, quien defiende el uso de las quemas prescritas, realizadas en condiciones meteorológicas controladas para eliminar parte del sotobosque y reducir la carga de combustible en el paisaje rural. A esto, además, hay que sumarle prácticas como la ganadería extensiva, la extracción de biomasa y la creación de cortafuegos como métodos para «construir paisajes más resilientes al fuego». «Esto es especialmente importante en las zonas donde viviendas, urbanizaciones o cámpings se encuentran rodeados de masa forestal», comenta el experto, quien, además, recuerda que ya existen obligaciones legales para que los municipios elaboren planes de protección civil para minimizar el riesgo de incendios.
Respecto a las políticas públicas, el experto critica que el debate sobre los incendios se centre casi exclusivamente en la extinción, cuando la verdadera prioridad debería ser la prevención. Reconoce la importancia de contar con medios aéreos, brigadas y bomberos especializados, pero considera insuficiente confiar únicamente en esos recursos. «La prevención es menos visible porque requiere un trabajo constante durante décadas y, cuando funciona, precisamente deja de ser noticia. Pero es lo que realmente funciona. Los incendios no se apagan en invierno. Se apagan cuando se aprueban los presupuestos y medidas de prevención», comenta a la par que recuerda que desde Greenpeace se reclama invertir al menos 1.000 millones de euros anuales «para gestionar el paisaje forestal y actuar cada año sobre un mínimo del 1 % de la superficie forestal española».
Greenpeace reclama una inversión anual de 1.000 millones de euros para la gestión forestal y la prevención de incendios en España
La complejidad de la situación, afirma Soto, justifica la creación de «un gran acuerdo político sobre esta cuestión». «Existe un amplio consenso entre científicos, bomberos, profesionales forestales, propietarios, empresas del sector y organizaciones ecologistas acerca de las medidas que deben adoptarse. Tenemos las propuestas concretas sobre lo que hay que hacer. Ahora necesitamos consenso político y presupuesto para llevarlo a cabo«, reinvidica. «La polarización del debate, las explicaciones simplistas y los bulos impiden abordar un problema complejo con el rigor necesario. Necesitamos un pacto que trascienda las diferencias ideológicas y permita actuar sobre un asunto estratégico para el país«, defiende tajante.
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