Al igual que todos los equipos, el Celta se encuentra inmerso en este extraño periodo que mezcla la planificación del curso a través de la pretemporada y un mercado de fichajes que se extiende más allá del inicio liguero y puede hacer que cualquier hoja de ruta cambie de la noche a la mañana. Y aunque esta ventana veraniega no esté siendo precisamente una vorágine para el departamento que dirige Marco Garcés, las operaciones se gestan. A ritmo pausado. Pero se gestan. El club está centrado ahora en dar salidas y luego acometerá los fichajes reclamados por Claudio. El 1 de septiembre será el momento de hacer el correspondiente balance. Pero el trabajo no termina ahí. Es solo un punto y aparte antes de continuar.
El mercado se cierra, pero las tareas pendientes se abren. Especialmente, las renovaciones. Y en esa lista ocupa un lugar preferencial Miguel Román. Extender la vinculación contractual del centrocampista gondomareño más allá de 2028 es un objetivo prioritario para el Celta. El futbolista miñorano explotó el curso pasado, el de su subida al primer equipo, con un altísimo nivel que se vio truncado por la fractura que sufrió en el quinto metatarsiano del pie izquierdo. Sucedió en un mes de marzo que acababa de empezar.
Román se tuvo que olvidar de jugar lo que quedaba de temporada, pero el Celta no se ha olvidado de Román. Por eso, mantuvo algunas conversaciones informales en las que emplazó al futbolista a sentarse a negociar una renovación una vez que termine el actual mercado de verano.
Como suele ocurrir cuando las dos partes se hacen ojitos, la cita propuesta tiene buena pinta. A Miguel le seduce mucho la idea de seguir creciendo de celeste. Siempre fue su objetivo y el verano pasado lo demostró haciendo la pretemporada sin saber si finalmente se quedaría a las órdenes de Claudio. Aquel sí del técnico porriñés fue el último empujón hacia la pista de despegue del mediocentro de Gondomar en la élite. En aquel agosto de 2025, firmó un contrato de tres años como jugador del primer equipo a todos los efectos.
Consumido el primer curso y tras la capacidad exhibida por Román, el club no quiere esperar. Más si se tienen en cuenta las buenas sensaciones ofrecidas por Miguel en Braga y, sobre todo, frente al Sporting el pasado sábado. El mediocentro de O Val Miñor jugó como si no llevase cuatro meses sin competir.
Así pues, el noveno mes del año aparece en el calendario como el punto de partida para unas negociaciones que no deberían dilatarse demasiado en el tiempo. El Celta es consciente de que el salario actual de Miguel no se corresponde con su rendimiento y con toda seguridad le ofrecerá un aumento. El futbolista, que se siente muy valorado en el plano deportivo por cuerpo técnico y compañeros, desea que ese sentimiento se plasme también en su nuevo contrato. Nada que no se solucione con unas cuantas conversaciones. Porque es muy difícil que algo no ocurra cuando los dos implicados quieren. Solo es cuestión de encontrar el momento. Por eso, el Celta y Román se dan cita para septiembre.
Fuente: Faro de Vigo










