Irene Mendoza Pérez recita la fecha de carretilla: el 14 de marzo de 2024. Ese fue el día en el que a esta niña gijonesa le diagnosticaron diabetes. “Al principio, me sentí muy triste porque todas mis amigas comían cosas que yo no podía comer. Pero ahora, que ya ha pasado un tiempo, me doy cuenta de que puedo comer de todo y hacer de todo”, explica esta alumna del colegio Juan Pablo II, de Pumarín, que empieza el primer curso de la ESO.
“Casi todos los niños, padres y madres saben la fecha exacta en la que debutó la enfermedad, y la recuerdan como un día en el que todo cambió”, señala Isolina Riaño Galán, pediatra del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) especializada en endrocrinología y, de manera particular, en diabetes.
Irene Mendoza y la doctora Riaño participan, cada una en su lugar, en el campamento educativo que la Asociación de diabetes del Principado de Asturias (Asdipas) desarrolla en Mariñas (Las Regueras), entre los domingos 26 de julio y 2 de agosto. Este año se cumple medio siglo del inicio de esta actividad, cuya primera edición tuvo lugar en Ardoncino (León), en el verano de 1976.
Los únicos de su colegio
Un total de 34 niños y jóvenes de Asturias, Cantabria, Cataluña, Madrid y Castilla y León pasan esta semana en las instalaciones del Centro Asturiano de Educación Ambiental (CEAM) de Mariñas. Su franja de edades va de 8 a 16 años.
“Son niños que, a menudo, son los únicos de su colegio que tienen diabetes, y esta soledad les pesa. Y llegan aquí y ven que todos tienen lo mismo que ellos, que nadie se asusta de que les pite una alarma o de que tengan un sensor o una bomba de insulina… Para ellos, es reunirse con otros jóvenes que hablan el mismo idioma”, indica Ana Isabel Álvarez Testa, presidenta de Asdipas.
Se levantan a las 8.30 horas, hacen capilares (se pinchan para medirse la glucosa antes de cada comida), desayunan, ordenan la habitación, tienen una clase educativa sobre la diabetes y, a continuación, realizan actividades de tiempo libre. Cuestión importante: cuidan con disciplina el horario de las comidas.
Acertar en las decisiones de cada día
“Intentamos que se lo pasen lo mejor posible, que aprendan de la diabetes y que su nivel de azúcar esté lo más controlado posible. Les damos formación para que acierten lo más posible en las muchas decisiones sobre su enfermedad que han de tomar cada día”, asevera Tomás González Vidal, médico endocrino de adultos del HUCA y director médico del campamento.
Isolina Riaño acumula muchos años de experiencia en estos campamentos: “Les aportan normalidad. Muchos, cuando vienen, no conocen a otros niños que tengan diabetes y no quieren que les vean pincharse. Aquí normalizan esa situación y aprenden muchas destrezas prácticas, ganan autonomía y ganan amigos”.
Equipos de apoyo para el bienestar emocional de los adolescentes
Ayer visitaron el campamento varias de las integrantes de los ocho equipos multidisciplinares de enlace comunitario, uno por cada antigua área sanitaria, que desarrollan un programa denominado “CERCA”, siglas que significan cuidados, empoderamiento, recursos, comunidad y apoyo. Su cometido se dirige, de manera especial, a las etapas de la infancia y la adolescencia.
“El objetivo es crear redes entre los diferentes activos comunitarios que trabajan en cada territorio en favor de la salud y el bienestar emocional: entidades, asociaciones, cualquier otro recurso que podamos prescribir e indicar a quienes los necesiten, y para eso lo prioritario es conocer lo que hay”, explica la enfermera Ana María Suárez Guerra. El papel de estos equipos es ejercer de instrumento de conexión entre entidades de salud, educación, servicios sociales, ayuntamientos y la comunidad en general.
Pionero en Asturias con una bomba de insulina
Hugo Nuevo García, de Lugo de Llanera, también visitó ayer el campamento de Las Regueras para ser atendido en vivo y en directo por la doctora Isolina Riaño. Es el primer niño asturiano que tuvo una bomba de insulina, en 2015, cuando tenía 6 años. “Llevaba tres años con el diagnóstico de diabetes. La bomba nos facilitó muchísimo la vida. Dejé de pincharme muchas veces al día y pasé a hacerlo una vez cada tres días. Me ha permitido vivir la vida como a todos mis amigos, con una normalidad casi absoluta”, enfatiza.
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