Las claves
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El presidente Donald Trump ha publicado este domingo en la red Truth Social un mensaje de agradecimiento al rey de Marruecos, Mohamed VI, por su gesto de reconocimiento al dar su nombre a una de las obras civiles más importantes de Marruecos. «Gracias al muy respetado Mohamed VI, rey de Marruecos. Qué gran honor», escribió en su mensaje.
«Espero poder viajar pronto por todo su recorrido», añadió el presidente. A finales de 2020, poco antes del final de su primer mandato, Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y ha sido, desde entonces, un firme defensor de los planes de Rabat en la región.
Aunque no hay confirmación oficial, la noticia anticipa la presunta decisión de Rabat de llamar Autopista Donald J. Trump a la carretera que une las poblaciones de Tiznit y Dajla, una obra clave para el desarrollo del Sáhara Occidental ocupado por Marruecos. Su longitud es de 1.055 km y recorre las poblaciones más importantes de la costa saharaui.
La decisión de rebautizar la autopista se puede interpretar como un gesto de reconocimiento del rey Mohamed VI al apoyo de Washington al plan de Rabat sobre la autonomía del Sáhara. No se trataría de un apoyo desinteresado: el subsuelo saharaui puede ser una fuente de riqueza mineral muy apetecida.
Washington y Rabat firmaron en febrero un acuerdo de cooperación e inversión en exploración y extracción de minerales críticos. El memorando firmado cubre explícitamente el Sáhara Occidental. EEUU busca a toda costa reducir su dependencia de China en la extracción de tierras raras.
Otras versiones apelan al interés de Marruecos por orientar la influencia de Trump hacia el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para que la final del mundial de fútbol de 2030 se celebre en su país.
Rabat quiere aprovechar el acontecimiento del próximo mundial como un pretexto para modernizar el país. De hecho, la autopista Tiznit – Dajla es una de las grandes obras civiles que ha puesto en marcha el Gobierno del reino alauita como parte de este esfuerzo.
Vídeo de promoción de la Autopista Donald J. Trump en Marruecos.
La construcción se inició por tramos en 2017 y en 2025 entró en pleno funcionamiento. Su coste se estima en unos 850 millones de euros. Conecta el sur de Marruecos con El Aaiún, la capital del Sáhara Occidental, y con el que será el mayor puerto atlántico de Marruecos en Dajla.
El puerto formará parte de la estrategia nacional para hacer que la región sea un polo de desarrollo de energía basada en hidrógeno verde. Está previsto concluir las obras en 2029.
La obra civil más relevante del país es otro puerto, el de Tánger Med, junto al Estrecho de Gibraltar. Pretende convertirse en el puente logístico entre Europa y África. A él se unen la prolongación del tren de alta velocidad hasta Marrakech y el Gran Estadio Hassan II, que se convertirá en el mayor del mundo cuando se celebre el campeonato de 2030.
España y el Sáhara Occidental
La antigua colonia del Sáhara Occidental se convirtió en provincia española en 1958. Como tal, contaba con representación en las Cortes franquistas.
En 1973 se fundó el Frente Polisario en Zuerat (Mauritania). Nació como un movimiento de liberación nacional para luchar por la independencia del Sáhara Español.
En noviembre de 1975, mientras el dictador Francisco Franco agonizaba en el hospital madrileño de La Paz, 350.000 civiles marroquíes, alentados por su soberano Hassan II, cruzaron la frontera del Sáhara español. La invasión se llamó la ‘Marcha Verde‘ por el color que representa al islam. Hassan II daba así legitimidad religiosa a la ocupación pacífica del territorio saharaui.
Una semana después, se firmó el Acuerdo Tripartito de Madrid que cedía la administración del territorio a Marruecos y Mauritania sin el visto bueno de la ONU. Tampoco se consultó a la población saharaui. La salida española del territorio se formalizó en febrero de 1976.
Tras los Acuerdos de Madrid, el Frente Polisario proclamó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y emprendió una guerra para expulsar a los ejércitos de Marruecos y Mauritania. Tras tres años de luchas, Mauritania renunció a sus pretensiones territoriales y abandonó el conflicto.
En los años 80, la guerra de guerrillas se estancó tras la construcción de una gran barrera defensiva marroquí de más de 2.700 km. Argelia se convirtió en el principal valedor del Frente Polisario, no solo apoyando diplomáticamente sus pretensiones, sino facilitando el establecimiento de grandes campamentos de refugiados saharauis en Tinduf, donde todavía viven unos 180.000 desplazados.
Marruecos y el Frente Polisario firmaron un alto el fuego en 1991 bajo la promesa de un referéndum que nunca llegó a celebrarse.

Actos conmemorativos del 50 aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática en Tinduf. Imagen de archivo.
Europa Press.
Desde su retirada, la posición española se caracterizó por lo que se ha llamado ‘neutralidad activa’ hasta 2022. Durante ese tiempo, el Gobierno español sostuvo que buscaba «una solución política, justa, duradera y mutuamente aceptable, en el marco de Naciones Unidas». Abogó por el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui y no reconoció la soberanía marroquí sobre su territorio.
La postura española trataba de mantener un difícil equilibrio político, teniendo en cuenta los intereses nacionales: pesca, control migratorio, Ceuta o Melilla. No obstante, durante la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, su Gobierno asumió un papel más activo en la defensa de las tesis del Polisario.
En diciembre de 2020, a punto de terminar su primer mandato, el presidente Trump dio un paso trascendental reconociendo la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Era el precio que debía pagar a cambio de que Marruecos normalizara su relación con Israel.
En un giro sorprendente de la postura española, el presidente Pedro Sánchez puso fin en 2022 a casi 50 años de ‘neutralidad activa’ de España al reconocer el plan de autonomía marroquí como «la base más seria, realista y creíble» para el Sáhara. Cerraba así una crisis abierta con Mohamed VI por haber atendido al líder polisario Brahim Gali en un hospital de Logroño aquejado de COVID-19.
Las relaciones con Marruecos se restablecieron a costa de romper los lazos con Argelia, aliado tradicional del Polisario. El Gobierno argelino llegó a suspender el tratado de amistad bilateral y cortó el suministro de gas en un momento de crisis energética desatada por la guerra de Ucrania.
La conexión Washington – Rabat
EEUU fue el primer país en reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en diciembre de 2020. Era el final del primer mandato de Trump y el episodio suponía la culminación de dos años de negociación que desde Washington empujaba la adhesión de países de la órbita árabe a los Acuerdos de Abraham.
Abraham era, y todavía es, una iniciativa de la Administración Trump clave para pacificar Oriente Próximo. Su gran objetivo es acercar a Arabia Saudí hacia la normalización con Israel. Marruecos fue una presa importante que, según Axios, se cobró el yerno de Trump, Jared Kushner, para sumar al proyecto.
El mismo medio reflejó que la idea de intercambiar el reconocimiento del Sáhara por la normalización con Israel partió de Ram Ben Barak, ex subdirector del Mossad, y su socio marroquí Yariv Elbaz. El Instituto Doha describió la negociación como el «estilo de política exterior transaccional», muy apreciado tanto por el mandatario estadounidense como por Marruecos.
La Administración Biden no revertió el acuerdo, pero tampoco hizo ningún esfuerzo por desarrollar las relaciones con Rabat. Por eso, el regreso de Trump a la Casa Blanca fue celebrado por las autoridades marroquíes esperando una intensificación de las relaciones.

Los firmantes del primer Acuerdo de Abraham: El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, el presidente Donald Trump, el ministro de Esteriores de Baréin, Abdullatif Al Zayani y el ministro de exteriores de UAE, T¡Abdullah bin Zayed.
Reuters.
Uno de los triunfos políticos que espera el reino alauita de su conexión con Washington es la designación del Frente Polisario como organización terrorista. Hasta el momento, la ONU no ha aceptado la tesis y Rabat trata de influir a EEUU para que presione a la comunidad internacional.
Según algunos medios, Trump se comprometió con Mohamed VI a declarar al Frente Polisario organización terrorista. Por el momento, ha impulsado la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad, que reconoce la autonomía bajo soberanía marroquí como una «solución viable», consolidando el respaldo internacional a la posición de Rabat.
En el ámbito interior, los senadores Ted Cruz, Tom Cotton y Rick Scott presentaron en marzo un proyecto de ley para presentar al Frente Polisario como organización terrorista por sus supuestas conexiones con el régimen iraní, Hezbolá y Rusia.
Mientras tanto, la ‘diplomacia transaccional’ sigue cerrando acuerdos: además del memorando de entendimiento para explorar minerales críticos, Washington facilitará a Marruecos el acceso a armamento avanzado. En 2025 se acordó la modernización de los aviones F-16 de la Fuerza Aérea marroquí.
También se han cerrado contratos para el suministro de 24 helicópteros de combate Apache y están en marcha negociaciones para la compra de más de 30 aviones F-35 de quinta generación. En abril, ambas administraciones firmaron un acuerdo que permitirá a Rabat comprar armamento del mismo nivel que el suministrado a la OTAN.
EEUU busca reforzar su influencia en el norte de África y lo hace con un socio que no desaprovechará la oportunidad política. El Sáhara y su costa son ricos en lantánidos, niobio y tantalio, minerales críticos para la industria de armamento y tecnología. También en cobalto, telurio, níquel y litio, esenciales en la fabricación de baterías.
Esto no sería un problema para España, si no fuera por declaraciones como la del congresista republicano estadounidense Mario Díaz-Balart, presidente de la subcomisión de Seguridad Nacional y aliado cercano del secretario de Estado Marco Rubio. «Ceuta y Melilla no están en el territorio geográfico de España, están en el territorio de Marruecos, y ese tipo de cosas se establecen, se negocian y se discuten entre amigos y aliados», afirmó a este medio en una entrevista publicada en abril.















