Informe neumológico en mano, Alicia le ruega a la Guardia Civil que le deje pasar. Su marido, Jacinto, lleva cuatro noches durmiendo sin la máquina que le permite respirar cada noche desde hace años. «Necesitamos recogerla porque están siendo madrugadas muy complicadas. Se queda sin aire. Ni aún con los informes nos dejan pasar. Hay una columna de humo al otro lado del pueblo. Según cómo sea el avance de las llamas, abrirán el paso a lo largo del día», dice. La pareja ha madrugado para llegar a la zona limítrofe, que permanece cerrada al paso. Junto a ellos, otros vecinos llegan con cuentagotas con la esperanza de poder regresar a su domicilio.
Alicia relata cómo el jueves tuvieron que salir corriendo de la vivienda en La Javariega, una urbanización perteneciente a San Martín de Valdeiglesias, aunque en el término municipal de Pelayos de la Presa. «Los niños dormían la siesta. Vimos el humo denso y comenzaron a caer pavesas de gran tamaño al patio, así que los despertamos y salimos corriendo de casa con lo puesto. Lo dejamos todo, salvando la vida. El cielo se puso de un color muy raro y los niños no paraban de llorar», recuerda entre lágrimas.
El incendio desde Navas del Rey. / DAVID RAW
A su lado, Jacinto, con expresión preocupada. «No se me ocurrió coger la máquina. Me arrepiento. Salimos con lo puesto. Llevo lavando la misma ropa tres días seguidos. Los servicios de emergencia nos han enviado algunas fotos de la fachada y parece que el interior está bien, aunque los alrededores están abrasados. Es una sierra de pinos y encinas. Yo tenía dos centenarios en mi propio jardín», dice. Ambos repiten con indignación que es el tercer año consecutivo que ven España arder en verano.
«Se está deforestando, está cambiando el clima. Nos estamos quedando sin pinos ni abejas, que son la vida. Nos vamos a morir sin ellos, que convierten el carbono en oxígeno. Hace décadas, una ardilla podía ir saltando de árbol en árbol desde Finisterre hasta Cádiz. Eso ya no es posible. Y eso que somos una potencia mundial», lamentan. Todos señalan la prevención como uno de los principales problemas, además del abandono de núcleos rurales.

Entrada cerrada a Navas del Rey. / DAVID RAW
El abandono del campo alimenta las llamas
«Ganaderos y agricultores lo tienen muy difícil. Antes ellos limpiaban por su propio interés, quitaban ramas secas y piñas. Ya no. Es combustible almacenado durante años y, cuando salta la chispa, arde. Lo que es innegable es el trabajo de los bomberos forestales. No han dejado de trabajar en todos estos días», suma Alicia. Su marido, algo más positivo por las palabras de la Guardia Civil, hace referencia al plan de regeneración de la sierra madrileña que anunció la Comunidad de Madrid este domingo: «Dios lo quiera y que lo planifiquen muy bien. Es el deseo de todos los madrileños. Lo más importante es limpiar el monte durante el invierno. Y segundo, tener más hidroaviones».
«Hay dinero para todo menos para lo que hace falta. ¿Dónde quedamos nosotros? Nuestros vecinos lo han perdido todo. Algunos, incluso, habían comprado la casa hace menos de dos años. Los ánimos están muy derrotados. Estamos todos devastados. Esto era un paraíso. Llegabas y respirabas de otra manera. Y ahora, ¿cuántos años va a tardar en regenerarse todo este bosque? Los pinos que planten no los verán ni mis nietos. Esta casa es el esfuerzo de toda una vida, una casa que pagamos con años de sudor y trabajo para que la disfrutara toda nuestra familia», sostienen.

Entrada cerrada a Navas del Rey. / DAVID RAW
A su lado, Alba y Santiago, dos hermanos que esperan pacientemente las indicaciones de la Guardia Civil para acceder a Navas del Rey y continuar su camino a Pelayos de la Presa. Cuando el fuego se desató, se encontraban pasando un día de campo en La Adrada. Fue la menor de la familia quien les alertó de que estaban empezando a desalojar otros municipios próximos a la zona por la presencia de columnas de humo. «Nosotros bajamos a Madrid sin pensarlo, pero mis padres quisieron permanecer en Pelayos. Llevo cuatro días hablando con ellos muy angustiada y me gustaría convencerles de que bajen con nosotros a la ciudad. Estarán mucho mejor, pero entiendo que les cueste. Son mayores», concluye.
Fuente: El Periódico de España














