La gravedad de los incendios que este verano asolan buena parte de España ha provocado la evacuación de más de 84.000 personas, principalmente de localidades de las provincias de Madrid, Ávila, Toledo y Castellón. En la última década se han disparado las cifras de desalojados por el peligroso avance de las llamas hacia núcleos de población.
En 2016, la campaña forestal concluyó con unas 12.000 personas evacuadas de forma preventiva a causa de los incendios. Si se compara esa cifra con los más de 84.000 desalojos registrados este verano hasta ahora, el número se ha multiplicado por siete en diez años.
Según los datos del Informe Anual de Seguridad Nacional, antes de la pandemia, en 2019, fueron evacuadas preventivamente 17.654 personas; en 2020, 7.497; en 2021, 6.346; en 2022, año marcado por grandes incendios, 30.143; en 2023, 26.316; en 2024, 6.827, y en 2025, 42.913.
172.000 hectáreas este año
El informe también destaca que, en agosto del año pasado, se registraron cinco de los 16 mayores incendios de más de 20.000 hectáreas ocurridos en España desde 1968. «Solo en cuatro de estos incendios forestales se quemó casi la misma superficie (105.978 hectáreas) que la media anual afectada durante la última década (105.614 hectáreas)», señala el documento. Estos grandes fuegos se produjeron en el noroeste de España, entre el sur de Galicia y el norte de León y Zamora.
Según los datos provisionales del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, entre el 1 de enero y el 27 de julio de 2026 los incendios forestales ya habían arrasado 172.396,10 hectáreas en España, una cifra que continúa aumentando.
Núcleos de población más expuestos
Lo que parece evidente es que los incendios han afectado este año a zonas mucho más pobladas. Las llamas han alcanzado masas forestales próximas a viviendas y urbanizaciones, poniendo en riesgo la seguridad de sus habitantes. Por ello, las autoridades han optado, en función de cada situación, por ordenar el confinamiento o, en los casos más graves, la evacuación preventiva.
Este fenómeno responde a una combinación de factores: el crecimiento de urbanizaciones en entornos naturales, las altas temperaturas, la baja humedad y unas condiciones meteorológicas invernales que favorecen la acumulación de combustible vegetal. Las lluvias y los vientos dejan una mayor cantidad de material forestal que, si no se retira, facilita la propagación del fuego, especialmente junto a la abundancia de matorral y vegetación baja.
Representantes de los servicios de emergencia especializados en incendios forestales explican que, siempre que es posible, la primera recomendación es el confinamiento. Los avisos enviados a través del sistema ES-Alert de la Generalitat permiten informar a la ciudadanía sobre cómo actuar en cada momento.
Los servicios de emergencia consideran que el confinamiento suele ser la opción más segura, teniendo en cuenta los riesgos derivados tanto del fuego como del humo. En ningún caso recomiendan la autoevacuación. Cuando resulta necesario desalojar una población, los equipos de emergencia recorren las viviendas para avisar personalmente a los vecinos y organizar la salida de forma ordenada.
Más planes de prevención
Ante esta situación, los especialistas consideran necesario reforzar la planificación en todos los municipios con riesgo de sufrir grandes incendios. El Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales y Graduados en Ingeniería Forestal y del Medio Natural (COITF) reclama la implantación de planes preventivos que incluyan itinerarios seguros de evacuación, puntos de estancia para la población, sistemas de alerta e infraestructuras de defensa frente al avance de las llamas.
«Los incendios forestales que alcanzan zonas habitadas no pueden considerarse únicamente un problema de extinción. Cuando las llamas amenazan viviendas, urbanizaciones, núcleos rurales, alojamientos turísticos, explotaciones o infraestructuras, el incendio se convierte en una emergencia forestal, urbana y social de protección civil», subrayan desde el COITF.
El peligro de los urbanizaciones cercanas al monte
La entidad recuerda la importancia de actuar sobre la denominada interfaz urbano-forestal, es decir, los espacios donde las edificaciones entran en contacto con el monte y donde el fuego puede alcanzar las construcciones e incluso propagarse entre ellas.
Los representantes del COITF recuerdan, además, que la Directriz Básica de Planificación de Protección Civil ante el Riesgo de Incendios Forestales, aprobada en abril de 2026, reconoce expresamente que el crecimiento de las zonas de interfaz constituye un riesgo especialmente grave y exige revisar las medidas destinadas no solo a combatir los incendios, sino también a prevenirlos y minimizar sus consecuencias.
Itinerarios de evacuación
Por ello, defienden que todos los municipios incluidos en los mapas de riesgo dispongan de planes preventivos que contemplen posibles escenarios de emergencia, itinerarios seguros para la evacuación, puntos de encuentro, zonas de refugio, espacios de acogida para las personas desalojadas, señalización de calles, caminos, hidrantes, depósitos y puntos de agua, así como protocolos específicos para personas mayores, con discapacidad, movilidad reducida u otras situaciones de especial vulnerabilidad.
«Una evacuación debe ser anticipada, ordenada y realizada por itinerarios que hayan sido evaluados como seguros por la dirección de la emergencia. Salir tarde, utilizar caminos no indicados o desplazarse sin conocer la evolución del incendio puede incrementar gravemente la exposición al riesgo», advierten desde el COITF, que insiste en la importancia de seguir siempre las instrucciones de las autoridades y evitar improvisar rutas alternativas.
Lugares de evacuación
Otro de los grandes retos para los ayuntamientos es disponer de infraestructuras adecuadas para acoger a las personas evacuadas, una necesidad cada vez mayor debido al incremento de los grandes incendios registrados en los últimos años.
Los planes preventivos de la Generalitat recomiendan que estos puntos de concentración estén previamente identificados en mapas y situados siempre fuera de las zonas amenazadas por el fuego. En ellos debe organizarse la atención a los desalojados, proporcionando alojamiento temporal, avituallamiento y los servicios necesarios hasta que puedan regresar con seguridad a sus viviendas.
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