Rodri Hernández vuelve a estar en el punto de mira después del gran Mundial que ha firmado con España, donde la FIFA le otorgó el premio al Mejor Jugador del torneo, disputado en Estados Unidos, México y Canadá. El Real Madrid podría estar atento a su situación en el Manchester City, debido a que sería una pieza que encajaría ideal en el esquema de José Mourinho, aunque Florentino Pérez tiene dudas sobre su incorporación.
El mediocentro español es un futbolista poco habitual de esta época contemporánea, pues no tiene redes sociales y mantiene un perfil mediático bajo. Su único objetivo es rendir al máximo nivel sobre los terrenos de juego, algo que le ayudó a ganar el Balón de Oro en 2024.
Una de las claves del éxito del futbolista del Manchester City reside en la infancia que vivió junto a su familia, ya que siempre le inculcaron la importancia de mantener los pies en el suelo.
Desde muy pequeño comenzó a jugar al fútbol, aunque al principio lo hacía simplemente para divertirse con sus amigos.
En un texto escrito para ‘The Players Tribune’, el ex del Atlético de Madrid relató cómo vivía cada partido: «Con 10 años, si jugaba un partido y no lo hacía bien, no podía hablar con mis padres en todo el día«. Una reacción que no acababan de entender sus padres, Antonio Hernández y Elena Cascante.
El capitán de la selección española de fútbol, Rodrigo Hernández, levanta el trofeo de campeón del mundo de 2026 / Jose Breton / AFP7 / Europa Press
No solo se pasaba todo el día jugando a fútbol, sino que también lo consumía, tal como reconoció en una entrevista a ‘El País’: «En mi casa estaban hartos de que yo viera tanto fútbol«.
Empezó a formarse en el Rayo Majadahonda antes de fichar por la cantera del Atlético de Madrid. Sin embargo, a los 17 años se marchó al Villarreal, donde llegó a un acuerdo con su familia: debía seguir estudiando.

Rodrigo Hernández, durante el Mundial 2026 / Europa Press/ Contacto/ Grzegorz W
Estudió ADE en la Universitat Jaume I de Castellón y no fue nada fácil, debido a que tenía que compaginar los estudios con los entrenamientos, a los que iba en bici hasta el tranvía, subía la bicicleta y después volvía a pedalear hasta el entrenamiento.
Finalmente, le pidió dinero a su padre para comprarse un coche barato: un Opel Corsa de segunda mano. «Mis compañeros se burlaban de mí, pero a mí me encantaba«, reconoció. Fueron unos inicios complicados, pero el esfuerzo ha valido la pena.













